Mi blog desapareció. ¿Dónde está Dios en lo inesperado?
Hace poco estaba reflexionando sobre la vida de Isaac, ese hijo de la promesa que vivió bajo la sombra del sacrificio y la providencia divina. Su historia me dejó pensando en cómo Dios tiene el control incluso cuando todo parece no tener sentido. Pero justo después de publicar esa entrada… ¡el blog desapareció! Completamente. Como si jamás hubiera escrito una sola palabra en él.
Imagínate mi cara. Horas de trabajo, oración y corazón puesto en cada post, y de repente… nada. Ni rastro. No era un error técnico cualquiera, era como si todo mi esfuerzo se hubiera esfumado en el aire. Y mientras intentaba solucionarlo (sin éxito, por cierto), una pregunta rondaba en mi mente: ¿Por qué, Señor?
La providencia en lo que no entendemos
Lo primero que hice fue respirar hondo y recordar que, justo antes del apagón digital, estaba escribiendo sobre la soberanía de Dios sobre nuestros planes. ¡Vaya ironía! A veces la vida (o, en este caso, la tecnología) nos da un golpe de realidad para recordarnos que el control nunca fue nuestro.
Pensé en Abraham subiendo al monte Moriah con Isaac, sin entender por qué Dios le pedía algo tan doloroso. Pero al final, el Señor proveyó. No se trataba de quitarle algo a Abraham, sino de mostrarle que Su plan era mayor.
¿Y si esta pequeña desaparición del blog era eso? Una prueba de confianza. No porque Dios disfrute vernos sufrir, sino porque quiere que recordemos que nuestro trabajo, incluso nuestras palabras escritas en un blog, dependen de Él, no de nosotros.
¿Perdido o en proceso?
Durante esas horas de incertidumbre, me pregunté: ¿Y si nunca se recupera? El blog no es solo un pasatiempo, está siendo muy importante para mí, comparto lo que Dios pone en mi corazón. Pero entonces me di cuenta... si las palabras desaparecen, el propósito no lo hace.
Dios no necesita de plataformas perfectas para cumplir Su voluntad. Si un blog se cae, Él puede levantar otro. Si un proyecto se pierde, Él trae algo nuevo. Lo importante no son las herramientas, sino la fidelidad con la que usamos lo que Él nos da.
La lección que quedó
Afortunadamente, al final todo volvió a la normalidad. Pero ese tiempo me dejó alguna enseñanza.
Nada es nuestro, todo es de Dios. Hasta lo que parece más seguro puede desaparecer en un instante. Sus planes no dependen de nuestras plataformas. Él usó un asna para hablar con Balaam y una piedra para dar agua a Israel. ¿Por qué nos obsesionamos con lo externo? A veces, perdemos algo para ganar perspectiva. Tal vez ese "apagón" fue para recordarme que escribo por amor a Él, no por los likes o las visitas.
Si alguna vez te pasa algo parecido, un proyecto que se desmorona, un esfuerzo que parece perdido, recuerda: Dios no está ausente. Puede que esté reacomodando cosas, enseñándote a soltar, o preparando algo mejor.
Y mientras tanto, seguimos escribiendo, creando, sirviendo… porque Él es el que sostiene todo.
¿Has pasado por una situación donde todo parecía perderse? ¿Cómo viste la mano de Dios en ello?
Comentarios
Publicar un comentario