Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

¿Qué es Hakuna?

Últimamente no paro de escuchar hablar de Hakuna. Sale en prensa, en redes, en conversaciones por todas partes… y, claro, una acaba preguntándose qué está pasando para que un movimiento cristiano esté generando tanto ruido. 


Pues hoy quería hablar de eso, desde mi fe y también desde mi curiosidad. Porque, más allá de titulares y debates, Hakuna dice mucho sobre lo que somos y lo que buscamos, en mi opinión.


La música


Lo primero que llama la atención es su música. Y te lo digo con sinceridad, entiendo por qué engancha. Suena a lo que escuchamos hoy, no a lo que muchos imaginan cuando piensan en música religiosa. Es pop, es indie y es luminoso. Sin darte cuenta, te encuentras cantando letras que hablan de Dios con una naturalidad sorprendente. Y me parece bonito que una canción pueda abrir un espacio interior que quizá estaba... dormido.


Pero también siento la necesidad de decir algo que me nace del corazón: la música puede ser una puerta, pero no puede ser la casa.


La fe no puede quedarse en una emoción bonita, ni en un subidón de un concierto, ni en una estética que nos envuelve... Todo eso ayuda, claro que sí. Pero si nos quedamos solo ahí, corremos el riesgo de vivir una fe superficial, pasajera, casi de moda. Y Dios no quiere una relación eventual: quiere una historia profunda, estable, de esas que te sostienen cuando la música se apaga.


La estética 


Otra cosa que me llama la atención es su estética. Todo está cuidado. La luz cálida, los colores suaves, los ambientes que transmiten tranquilidad... No tienen una estética fría o distante.


A veces olvidamos que la belleza también evangeliza. Que un espacio bonito, bien preparado, puede predisponer el corazón. Y Hakuna lo ha entendido muy bien.


Pero también aquí siento que es importante recordar que la fe no es solo lo que se ve, sino lo que se vive cuando nadie te mira.


Marketing… 


Sé que la palabra marketing puede sonar rara en un contexto cristiano, pero en realidad no tiene nada de malo cuando se usa para comunicar bien. Y Hakuna comunica de maravilla.


Transmiten alegría, comunidad, amistad, momentos de oración que se viven con intensidad. Y lo hacen con un lenguaje propio de nuestra época. En este mundo donde todo compite por nuestra atención, saber contar lo que vives es un punto a tu favor.


Pero me gustaría recalcar que es importante es no confundir la forma con el fondo. La fe no es un producto bonito. Es una relación viva con Dios.


Una necesidad 


Si algo veo claro es que Hakuna conecta porque ofrece algo que muchas personas están buscando: pertenencia. Un lugar donde sentirse acompañados, escuchados y sostenidos. Ese espacio donde la fe no se vive en solitario, sino en familia.


Y lo hacen en tiempos de tanta soledad.


Y eso es un regalo enorme. Solo que, como en toda familia, lo esencial no es la emoción del momento... sino el compromiso que permanece.


¿Fenómeno religioso o fenómeno sociológico?


He leído a quienes dicen que Hakuna es más un fenómeno sociológico que religioso. Y, sinceramente, entiendo por qué lo dicen.


Porque Hakuna no se queda en hablar de fe. Habla de identidad, de estética, de comunidad y de emociones compartidas... Habla de una generación que busca sentido y encuentra en este movimiento un lugar donde respirar.


Pero también creo que reducirlo solo a sociología sería injusto. Detrás de todo ese envoltorio hay una experiencia espiritual real para mucha gente. Una búsqueda sincera de Dios. 


Una alegría que nace de la fe.


Lo que me quedo yo


Después de escuchar, leer y observar, me quedo con esto: Hakuna es un signo de que Dios sigue moviéndose en medio de los jóvenes.


¿Tiene cosas mejorables? Claro. ¿Genera preguntas? También. Pero me parece hermoso que haya miles de chicos y chicas que descubren y comparten la fe a través de la música, la belleza y la comunidad.


Y, al final, si algo nos enseña el Evangelio es que Dios siempre encuentra caminos nuevos para llegar a nosotros.


Aunque, y me repito un poco, también siento que es importante recordar que la fe no es un concierto, ni mucho menos una estética, ni una emoción que, aunque intensa, es pasajera. La fe es una relación profunda con Dios, real, que se recorre día a día, con música o sin ella.


Y si Hakuna sirve para que alguien dé ese paso hacia una relación verdaderamente profunda con Dios, entonces bienvenido sea. Ojalá no nos quedemos en la superficie.


Porque lo que de verdad transforma la vida no es una canción bonita, sino un Dios que te llama por tu nombre.

Comentarios