Dios no solo devuelve lo perdido… da algo mejor
Hay temporadas en la vida en las que sentimos que todo está en su sitio… y otras en las que, si somos honestos, algo dentro de nosotros está un poco torcido, agrietado o incluso derrumbado del todo. No siempre se ve desde fuera. A veces seguimos funcionando, seguimos cumpliendo, sonriendo… pero por dentro sabemos que hay muros que necesitan reparación.
Y mientras pensaba en esto, me vino a la mente un patrón precioso que se repite una y otra vez en la Biblia... Dios es experto en reconstrucciones. No solo de ciudades, templos o murallas, sino de corazones y propósitos.
Hoy quiero hablarte de ese tipo de restauración. La que empieza en secreto y nadie ve.
Dios empieza donde nosotros vemos ruinas
Si algo me encanta de la Palabra es que nunca maquilla la realidad. Jerusalén estuvo en ruinas. El templo estuvo en ruinas. Y el corazón del pueblo estuvo en ruinas...
Y... aun así... Dios no dijo: “Ya no sirve”. Dijo: “Vamos a levantarlo”.
Quizás hoy tú también ves áreas así. Como, por ejemplo, una disciplina que descuidaste, una relación que se enfrió, un sueño que enterraste, o simplemente tu conexión con Dios, que ya no arde como antes. Confieso que yo sí tengo áreas así.
Peeeeero, la buena noticia es esta: Dios no se asusta de tus escombros. Él los usa como materia prima para algo nuevo.
La restauración siempre empieza con una mirada honesta
Me impresiona cómo tanto Esdras como Nehemías (que ya vimos en entradas recientes) comienzan igual: mirando la realidad de frente.
Nehemías inspecciona los muros de noche y Esdras se rompe al ver el estado espiritual del pueblo.
Y aquí hay una clave para nosotros: Dios no restaura lo que fingimos que está bien. Solo restaura lo que le entregamos tal como está.
Creo que la oración más poderosa no es larga ni poética. A veces es simplemente: "Señor… aquí está. Está roto. Y yo también."
La Palabra
Si hay algo que la Biblia confirma una y otra vez, es que la restauración verdadera siempre vuelve a la Palabra.
No hay reconstrucción sin volver a escuchar la voz de Dios.
Si sientes que algo en ti necesita ser levantado, empieza por ahí: abre tu Biblia, aunque sea un capítulo, aunque sea un versículo. La Palabra es el ladrillo que Dios usa para levantar lo que la adversidad derribó.
Dios redefine
Algo precioso ocurre en cada historia de reconstrucción: Dios no solo devuelve lo perdido… da algo mejor.
¿Qué parte de tu vida necesitaría reconstrucción hoy? No te lo pregunto para incomodarte, sino para invitarte a un viaje. Un viaje que no se hace corriendo, sino pasito a pasito. Donde Dios no te pide perfección, sino disposición.
Quizás hoy sea el día de decir: “Señor, quiero volver. Quiero reconstruir contigo. Quiero que levantes lo que yo no puedo.”
Y créeme… Él lo hará.
Comentarios
Publicar un comentario