Justicia, pecado y gracia: Nikolas Cruz
Sé que he tenido el blog un poco abandonado últimamente, en una pausa más larga de lo que me gustaría. Pero bueno, ya sabéis cómo es la vida, compromisos, responsabilidades... rutinas que a veces se vuelven un poquito agobiantes y nos absorben el tiempo... Supongo que a todos nos pasa lo mismo en algún momento, ¿verdad?
Os confieso que en este tiempo no solo he pausado el blog, sino también mis lecturas diarias de la Biblia. Pero no os preocupéis, que ya tengo el corazón listo para retomarlo muy pronto. Mi idea es repasar primero lo que ya había leído para refrescar la memoria y, después, continuar justo donde me quedé. Por eso no había seguido subiendo reflexiones bíblicas por aquí, pero os prometo que muy pronto volveremos a ello. Además, a veces me gusta dejar que lo que ya he estudiado se asiente bien en la mente, que se afiance. Me encanta ir reflexionando en el día a día, en mi vida real, y ver cómo la Palabra lo va moldeando todo poco a poco, sin necesidad de saturarme metiendo más y más información. Hay que dejar que la semilla haga su efecto, ¿no creéis?
Pero hoy quería pasar por aquí para contaros algo muy personal. Últimamente he estado viendo un juicio por internet. Sí, lo sé, suena un poco raro, pero lo estoy viendo entero y con bastante retraso, porque ocurrió hace unos años. Es el juicio a Nikolas Cruz. No sé si os suena el nombre o si sabéis qué pasó, pero por si acaso, os cuento brevemente. Fue el joven responsable de una terrible tragedia (un tiroteo) en una escuela secundaria en Parkland, Florida, en 2018.
Ver las sesiones de un caso tan devastador e impactante emocionalmente te revuelve todo por dentro. Sin embargo, no es del juicio en sí de lo que os quiero hablar exactamente hoy. Es de lo que me ha provocado a nivel interno. Pasar horas viendo todo esto me ha llevado a hacerme muchísimas preguntas desde nuestra perspectiva cristiana. Me ha tomado bastante tiempo procesarlo, sentarme a orar y colocar cada pieza en su sitio dentro de un caso tan trágico. Por eso esta entrada es especialmente importante para mí, y hoy quiero abriros mi corazón y compartir con vosotras este camino de reflexión.
Justicia, pecado y gracia: una mirada cristiana al caso de Nikolas Cruz
Ver la realidad del dolor humano tan de cerca nos sacude por completo. Al escuchar los testimonios de las víctimas y de sus familias, es imposible no sentir el peso de un mal profundo y preguntarse... ¿Cómo podemos, como cristianos, procesar algo tan oscuro sin perder la fe en la justicia y en la bondad de Dios?
Es una pregunta difícil, pero la belleza de nuestra fe radica en que la Biblia jamás ignora el mal, al contrario, le da una explicación y, sobre todo, nos ofrece una esperanza inquebrantable. Como nos recuerda el Salmo 34:18: "El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado; rescata a los de espíritu destrozado". Dios no se mantiene ajeno a nuestro dolor.
Para entender cómo se llega a algo así, tenemos que ir a la raíz del problema, y la Biblia es muy clara... el mal no es solo un problema social, de educación o psicológico, sino que es, en el fondo, un problema espiritual. Es la realidad del pecado humano. El profeta Jeremías lo dejó escrito de una forma muy cruda... pero real... "El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso" (Jeremías 17:9), y el apóstol Pablo nos recuerda en Romanos 3:23 que "Todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios". Cuando vemos la oscuridad de la que es capaz el ser humano, entendemos perfectamente nuestra necesidad desesperada de redención. Sin Cristo, estamos completamente perdidos en nuestra propia corrupción.
Por supuesto, ante actos así, nuestro clamor natural es que se haga justicia. Los juicios humanos, con todas sus imperfecciones, son un reflejo del deseo de justicia que Dios mismo ha puesto en nosotros. Dios exige justicia, pero la diferencia con nuestro corazón humano es que Su justicia camina de la mano de Su misericordia. A veces es fácil caer en el deseo de venganza o en el odio cuando vemos tanta crueldad, pero la Palabra nos frena con amor en Romanos 12:19: "Nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios". Nuestro papel como cristianos es apoyar que se cumpla la justicia terrenal y consolar a los que sufren, pero guardando nuestro corazón para no llenarlo de amargura ni de odio.
Y aquí viene la parte que más me ha costado colocar, pero que es el núcleo del Evangelio... la posibilidad de la redención. ¿Puede la gracia alcanzar incluso al peor de los pecadores? La respuesta bíblica es un rotundo sí. Pensemos en el apóstol Pablo en Hechos 9, antes de ser el gran evangelista, perseguía y consentía la muerte de cristianos. El Evangelio nos enseña que un arrepentimiento genuino ante Dios puede traer un perdón eterno, aunque eso no elimine las consecuencias legales y humanas en la Tierra. La promesa de 1 Juan 1:9 sigue en pie para cualquiera que doblegue su corazón, "Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad". La cruz no niega la justicia, en cambio, la cumple por completo a través del sacrificio de Cristo.
Entonces, ¿cómo debemos responder nosotros ante tragedias como esta? En primer lugar, de rodillas. Debemos orar incesantemente por las víctimas y sus familias, para que Dios les dé el consuelo que sobrepasa todo entendimiento. También debemos orar para que se haga justicia y por el arrepentimiento del culpable, por imposible que nos parezca.
Al final del día, recordamos que el mal no tiene la última palabra, porque Cristo ya lo venció en la cruz. Esto también nos invita a mirarnos por dentro, a examinar nuestro propio corazón y a buscar nuestra paz en Él, siguiendo el mandato de Romanos 12:21: "No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal haciendo el bien".
Pues esta es mi reflexión, que me ha costado bastante hacer tras los sentimientos confusos que tuve inicialmente. En medio de tanto dolor, reafirmemos que nuestro Dios sigue siendo justo, soberano y profundamente misericordioso, incluso cuando hay cosas que nuestra mente humana no logra comprender del todo. Confiar en Su plan redentor es nuestra mayor roca. Hace poco leía una reflexión preciosa en un artículo que se me quedó grabada y que encaja perfectamente con esto:
"Si una persona dirige la luz de la linterna hacia el camino rocoso por el que usted caminará, sentirá alivio y agradecimiento... Utilícelos para convencer a otros de la verdad, no explicándoles la verdad, sino mostrándoles la diferencia que hace el adoptar la verdad."
Pues eso, que no se trata solo de explicar teorías sobre la justicia o la fe, sino de mostrarle al mundo, a través de nuestra compasión, nuestro perdón y nuestra esperanza, la diferencia tan enorme que hace caminar con Cristo en un mundo tan roto.
Os mando un abrazo gigante y espero leeros en los comentarios. ¿Cómo procesáis vosotras estas noticias tan duras? ¡Nos vemos muy prooooonto por aquí!
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