Hoy es mi santo, ¡Santa Ana!, y estoy feliz
Sé que he tardado bastante en publicar y de verdad que lo siento mucho, pero ¡prometo que pronto habrá novedades! Por fin me he puesto a repasar con calma la parte de la Biblia que ya conocía, para tomar carrerilla, meterme de lleno con los libros que aún me quedan por leer e ir compartiendo todo ese camino con vosotros en nuevas entradas. Tenedme un poquito de paciencia, que ya casi está.
Pero bueno, ¡hoy no podía dejar pasar el día sin escribiros! Estoy súper contenta porque hoy es mi santo... ¡Santa Ana! Y para celebrarlo, me apetecía un montón hablaros de dos mujeres increíbles de la Biblia que llevan este nombre y a las que admiro muchísimo.
Ana, la mamá de Samuel
La primera es la Ana del Antiguo Testamento. Durante años sufrió muchísimo porque no podía tener hijos, pero en lugar de rendirse o amargarse, acudió a Dios con todo su corazón. Su oración en el templo fue tan sincera y profunda que el sacerdote hasta pensó que estaba ebria, pero ella solo estaba derramando su alma. Dios escuchó su ruego y le concedió un hijo, Samuel, a quien ella cuidó con todo el amor del mundo y luego dedicó al servicio del Señor. Me encanta su fe por la gratitud tan enorme que demostró.
Santa Ana, la abuela de Jesús
Y la segunda es, de manera muy especial, Santa Ana, la abuela de Jesús (¡por la que me pusieron mi nombre!). Aunque la Biblia no detalla la historia de la familia de María de forma explícita, la tradición cristiana nos enseña sobre ella y su esposo, San Joaquín. Ana fue una mujer de profunda oración, paciencia y confianza en Dios. Tuvo la bendición inmensa de criar a la Virgen María en la fe y de ser la abuela de nuestro Salvador. ¡Qué papel tan heeeeermoso e importante tuvo en la historia!
Creo que ambas demostraron una fe gigante, una ternura y confianza plena en los planes de Dios, incluso cuando la espera se hacía cuesta arriba. Les tengo una admiración enorme y de corazón espero que, al conocer esta mijita de sus vidas, vosotros también podáis admirarlas e inspiraros en ellas.
Os mando un abrazo gigante, ¡nos vemos muy prontito por aquí!
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