Tu identidad en Dios
¡Hola a todos y feliz año nuevo! 🥳
¿Qué tal? Espero que hayáis comenzado este 2026 con mucha energía y esperanza. La verdad es que yo he estado un poco... desaparecida. Sé que no había escrito una entrada nueva desde el año pasado, y quería explicar por qué.
Estuve totalmente metida en... "obras" por aquí, mejorando el blog. Os seré honesta... todavía no está perfecto y le falta mucho trabajo por delante, pero... ¡va saliendo adelante! Me emociona mucho verlo tomar nueva forma. Y mientras lo iba reorganizando, me di cuenta de algo importante: también me estoy reconstruyendo yo misma, en preparación para todo lo que Dios tiene para este nuevo año.
Y es que, hablando de reconstruirse, no puedo empezar este año sin compartir con vosotros una reflexión que no me da paz desde hace días. Es algo directo, quizás duro para algunos oídos, pero necesario.
Hay una verdad que el Evangelio no deja lugar a equívocos: quien no se entrega, quien no obedece a Dios, termina perdiendo la vida que quería conservar.
A veces pensamos que entregarnos a Dios es perder nuestra libertad, nuestros sueños o nuestra identidad. Nos aferramos a controlar cada aspecto de nuestra vida, como si nuestra supervivencia dependiera únicamente de nosotros. Pero la paradoja del Reino de Dios es todo lo contrario.
Cuando nos aferramos con uñas y dientes a lo que nosotros creemos que es lo mejor, terminamos agotados, ansiosos y, al final, perdiendo lo que realmente importa. Es como querer conservar el agua en los puños cerrados... mientras más apretamos, más se nos escapa.
Jesús no vino a quitarnos una vida genial para darnos una vida aburrida y monótona. Vino a darnos la vida en abundancia (Juan 10:10). Pero esa vida abundante solo se encuentra en el lugar de la entrega total. Dejar ir nuestro "yo" que quiere ser el protagonista para encontrar nuestra verdadera identidad en Él.
Pues eso, que si te sientes un poco perdido o aferrado a un control que no te deja avanzar, te invito a que hagas la prueba. Suelta ese puño cerrado. Entrega esa área de tu vida a Dios que tanto te cuesta soltar. Da miedo, pero no es una derrota, es la mayor victoria que puedes tener.
Aquí dejo este pensamiento, aunque me haya quedado bastante resumido. Y ahora que ya sabéis por dónde anduve, ¡me encantaría saber de vosotros! ¿Cómo van vuestros planes para este año?
Un abrazo grande y que tengáis una bendita semana.
Comentarios
Publicar un comentario