Una mirada creyente a lo que vive Venezuela
Hay noticias que una las lee y siente un nudo en el estómago. Lo que está ocurriendo en Venezuela en estos días (la tensión política y la incertidumbre que envuelve a todo el país) no es algo lejano ni ajeno. Detrás de cada titular hay personas reales: familias, ancianos, jóvenes, niños... que solo quieren vivir en paz. Y cuando uno es creyente, no puede evitar preguntarse... ¿cómo miro todo esto desde la fe? ¿Qué me pide el Evangelio ante una realidad tan dolorosa?
No pretendo hacer análisis políticos ni señalar culpables. No es mi lugar, ni creo que sea lo que más necesita ahora mismo el pueblo venezolano (no necesitan que opine quien no está debidamente formado). Lo que sí puedo hacer es compartir una reflexión sencilla, nacida de la fe y del deseo sincero de ser discípula de Jesús en medio de un mundo herido.
La dignidad humana, siempre primero
La Iglesia nos recuerda una y otra vez que la vida humana es sagrada. Que ninguna ideología, ningún poder ni ningún interés justifica poner en riesgo a inocentes. Cuando vemos violencia, represión, ataques o decisiones que pueden desestabilizar aún más a un país ya frágil, el corazón cristiano solo puede decir: este no es el camino.
La violencia nunca trae la paz
Jesús fue muy claro: “Felices los que trabajan por la paz”. No dijo “los que ganan”, ni “los que imponen”, ni tampoco “los que vencen”. Dijo "los que trabajan por la paz". Y trabajar por la paz implica diálogo, escucha, renuncia al odio y búsqueda de caminos que protejan a los más vulnerables. En un momento tan tenso como el que vive Venezuela, esto se vuelve urgente.
Un pueblo que sufre merece nuestra cercanía
A veces, desde fuera, es fácil hablar de “Venezuela” como si fuera un concepto abstracto. Pero Venezuela son personas. Son madres que hoy no saben si podrán salir a comprar comida sin miedo. Son jóvenes que sueñan con un futuro que no esté marcado por la violencia. Son abuelos que rezan por estabilidad. Ese es el pueblo al que estamos llamados a acompañar con nuestra oración y nuestra solidaridad.
Discernir sin caer en bandos
Como católicos, no estamos obligados a alinearnos con ningún bloque político. Lo que sí estamos llamados a hacer es discernir, buscar la verdad con humildad, no dejarnos arrastrar por la propaganda ni por la polarización. Nuestro compromiso es con la justicia, con la paz y con la dignidad humana, no con colores ni siglas.
Una oración
Hoy quiero terminar esta reflexión rezando. Si te sirve, puedes unirte a mí:
Señor, mira al pueblo venezolano, que vive días de angustia y confusión. Derrama tu paz sobre quienes tienen miedo, tu luz sobre quienes toman decisiones, tu consuelo sobre quienes han perdido la esperanza. Que la violencia ceda, que la justicia florezca, y que tu Espíritu inspire caminos de reconciliación. Acompaña a cada familia, cada barrio... cada corazón herido. Te lo pedimos confiando en tu amor que nunca abandona. Amén.
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