La fidelidad a Dios vale más que la vida misma
Primero que nada, ¡feliz día de San José! No quería dejar pasar este día sin felicitarte. Te confieso que, de un tiempo para aquí, mi amor y mi devoción por este santo no han parado de crecer. Es un modelo tan increíble de silencio, de protección y de entrega... me tiene el corazón robado.
Pero, para serte sincera, hoy no tenía planeado publicar nada. Esta entrada es totalmente improvisada. Lo que pasa es que ayer estuve repasando el capítulo 7 del Segundo Libro de los Macabeos y me quedé totalmente impactada. No sé si te ha pasado, que lees algo que ya conoces, pero de repente Dios te hace clic y lo ves con una claridad nueva.
Me quedé pensando en la historia de aquella madre y sus siete hijos, y caí en la cuenta de algo inmenso: la fidelidad a Dios vale muchísimo más que la vida misma.
Valentía extrema
Para ponerte un poco en contexto (por si no lo tienes fresco), en aquel tiempo el rey Antíoco IV Epífanes estaba persiguiendo a muerte a los judíos que querían seguir fieles a la Ley de Dios. Fue un tiempo oscuro, de muchísima presión para abandonar la fe.
Ahí es donde aparecen esta madre y sus siete hijos. Para mí, ellos son el símbolo máximo de la esperanza en la resurrección. Ellos prefirieron perder la vida antes que perder su fe. Me recordó enseguida ese versículo de Apocalipsis 2:10: "Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida."
Esto fue lo que ocurrió
El rey intentó obligar a esta familia a comer carne prohibida por su religión (cerdo). Uno a uno, los hermanos se negaron. Y uno a uno, fueron torturados y ejecutados de formas terribles delante de su propia madre.
¿Te imaginas el dolor de ese corazón de madre? Pero lo más impresionante no es solo el valor de los chicos, sino la fuerza de ella. En lugar de rogarles que cedieran para salvar el pellejo, los animaba a resistir. Sus palabras me conmovieron: "El Rey del universo nos resucitará para una vida eterna, porque morimos por sus leyes" (2 Macabeos 7:9).
Un modelo de fe (y de maternidad)
Creo que, a veces, pensamos que ser buena madre es evitarle a toda costa cualquier sufrimiento a nuestros hijos. Pero esta mujer me enseñó una lección diferente. Su amor maternal no la llevó a protegerlos del martirio, sino a fortalecerlos en la fe. Ella confiaba plenamente en el poder creador de Dios. Les decía: "El Creador del mundo os devolverá en su misericordia el espíritu y la vida" (2 Macabeos 7:23).
Me hizo pensar en que los hijos necesitan saber que son valorados, pero la mayor prioridad de un padre debe ser guiarlos hacia lo que realmente importa. Esta madre valoró tanto a sus hijos que prefirió entregarlos a Dios antes que entregarlos al pecado. ¡Qué fuerza!
¿Por qué la fidelidad vale más que la vida?
A ver, que se dice pronto, pero vivirlo es otra cosa. La fidelidad es, en realidad, la forma más alta de amor. Es amar a Dios por encima de todas las cosas, incluso de nuestra propia seguridad.
Sí, la fidelidad da sentido al sufrimiento. El dolor no es inútil cuando se ofrece por amor. Como dice Romanos 8:18: "Los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de compararse con la gloria venidera". Además, es una fidelidad que confía en la resurrección. La muerte no tiene la última palabra. Si somos fieles, la vida no se acaba aquí. Jesús nos lo prometió: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí, aunque muera, vivirá" (Juan 11:25).
Y, fijaros, creo que es ganar perdiendo... Me vino a la mente esa frase de Mateo 16:25: "El que pierda su vida por causa de Mí, la hallará".
Hoy
Obviamente, (gracias a Dios) no estamos en una ejecución pública, pero el mundo nos presiona cada día para que renunciemos a nuestra fe en pequeñas cosas... para que callemos la verdad, para que nos amoldemos a lo que está de moda aunque vaya contra nuestros valores.
Yo creo que esta maravillosa historia nos invita a ser firmes en la verdad, aunque no sea popular. También a transmitir la fe a nuestros hijos (o a quienes nos rodean) no como una carga, sino como el tesoro más grande. Y, sobre todo, a vivir con la mirada puesta en el Cielo.
La fidelidad de esa madre fue su legado más santo, y es lo que quiero para mi vida también.
Esta madre y sus siete hijos nos demuestran que la fe auténtica no le tiene miedo a la muerte. Su sacrificio, siglos antes, ya nos estaba anunciando el sacrificio de Jesús, quien también fue fiel hasta la cruz por amor a ti y a mí.
Hoy te quiero dejar una pregunta para reflexionar... ¿Qué lugar ocupa Dios en tu escala de fidelidad? ¿Vale más que tu comodidad, que tu reputación... o incluso que tu propia vida?
No es fácil, pero vale la pena. No olvides nunca que "El que persevere hasta el fin será salvo" (Mateo 24:13).
¡Te mando un abrazo enorme y que pases un resto de día de San José genial! Nos leemos pronto.
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