Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

¡Huid! Pero... ¡no miréis atrás! (Lot)

¡Hola a todos! ¿Cómo estáis? ¡Espero que genial y listos para otra historia con muchísimas lecciones!


Hace un ratillo, en la anterior entrada, os estuve contando la historia de Agar e Ismael (y justo antes Abraham). Y mientras la escribía, me di cuenta de algo: quería meter también la historia de Lot y su familia, porque cronológicamente están en el mismo libro de Génesis, pero… ¡imposible! La historia de Abraham es vasta, y la de Lot, aunque más corta, tiene una densidad, unas decisiones y unas consecuencias que, de verdad, merecían su propio espacio.


Así que, aquí estamos. Vamos a sumergirnos de lleno en la vida de Lot, un personaje que a veces pasa un poco desapercibido al lado de gigantes de la fe como su tío Abraham, pero cuya historia está llena de advertencias, de misericordia divina y de lecciones prácticas para nosotros hoy. ¡Agarraos, que la cosa se pone interesante!


Lot y su familia


Para ponernos en contexto, Lot era sobrino de Abraham, nuestro querido patriarca de la fe. Vivían juntos, con sus rebaños, sus tiendas y sus siervos, viajando por la tierra que Dios le había prometido a Abraham. Pero llegó un punto en que sus posesiones eran tantas, que la tierra no les bastaba a ambos. Y empezaron los problemas entre los pastores de Abraham y los pastores de Lot… ya sabéis, cosas de la convivencia...


Abraham, con su sabiduría y generosidad, le dijo a Lot: "Mira, no quiero conflictos entre nosotros. Separémonos. Elige la tierra que quieras, si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha, y viceversa". ¡Qué buena actitud la de Abraham, ¿verdad?!


La elección de Lot


¿Y qué hizo Lot? Levantó la vista y vio las llanuras del Jordán. ¡Verdecitas, bien regadas, exuberantes como el jardín del Edén! Especialmente la zona donde estaban las ciudades de Sodoma y Gomorra… que por fuera parecían una maravilla. Lo más próspero, lo más atractivo a la vista, lo que prometía una vida fácil.


Así que Lot escogió lo que parecía mejor a sus ojos. Y se fue para allá, acercando sus tiendas a Sodoma. Y aquí es donde empieza la curva descendente. La Biblia nos dice claramente que los hombres de Sodoma eran "malos y grandes pecadores contra Jehová".


De cerca a dentro


Lot, al principio, acampó cerca de Sodoma. Pero con el tiempo, ¿qué creéis? Se fue instalando en Sodoma, y llegó a ser incluso un "anciano" o "juez" en la puerta de la ciudad. ¡Imaginaos el nivel de integración! Él vivía allí, sus hijas crecieron allí, se casaron (o prometieron) con hombres de Sodoma. El mundo alrededor de Lot y su familia se había mezclado completamente con el mundo de Sodoma.


Cuando nuestros ojos se enfocan más en lo atractivo del mundo que en la dirección de Dios, es muy fácil pasar de "estar cerca" a "estar dentro", y que nuestro corazón se empiece a arraigar en un lugar que no es el que Dios quiere para nosotros.


La intervención divina y la depravación de Sodoma


Pero Dios, que siempre ve y oye, escuchó el clamor contra Sodoma y Gomorra. Eran ciudades entregadas a una depravación terrible. ¿Recordáis la intercesión de Abraham, rogando por la ciudad? ¿Encontraría 50 justos? ¿40? ¿30? ¿20? ¿10? ¡Ni siquiera 10! Eso nos da una idea del nivel de maldad.


Y así, dos ángeles, con apariencia de hombres, llegaron a la puerta de Sodoma para investigar. ¿Y quién estaba allí? ¡Lot! Él los recibió, los invitó a su casa. Pero la maldad de Sodoma se mostró en todo su esplendor (o su horror) cuando los hombres de la ciudad rodearon la casa de Lot, exigiendo que les entregara a los visitantes para "conocerlos". Lot intentó proteger a sus invitados, incluso ofreciendo a sus propias hijas… una decisión terrible, fruto de la desesperación y de la presión de vivir en un ambiente tan oscuro.


¡Huid! Pero... ¡no miréis atrás!


Los ángeles actuaron rápido: cegaron a la multitud que intentaba derribar la puerta y le dijeron a Lot: "¡Salid de aquí! Vamos a destruir este lugar". Lot fue a buscar a sus yernos, a quienes ya les había prometido sus hijas, pero ellos se rieron, pensaron que era una broma. Así de ciegos estaban por el mundo en el que vivían.


Por la mañana, los ángeles tuvieron que arrastrar literalmente a Lot, a su esposa y a sus dos hijas (las que no estaban prometidas) fuera de la ciudad. ¡Qué imagen! Una salvación a la fuerza, porque Lot dudaba, se aferraba, quizás, a sus bienes o a parte de su familia que quedaba atrás.


Y la orden fue CLARA y contundente: "¡Huid por vuestras vidas! No miréis atrás ni os detengáis en toda la llanura; escapad al monte, no sea que perezcáis".


La tragedia de mirar atrás


El sol salía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar, una pequeña ciudad a la que le permitieron ir. Y entonces, Dios hizo llover fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra, destruyéndolas por completo.


Pero… la esposa de Lot. En algún momento de la huida, ella miró atrás. Quizás por curiosidad, por nostalgia, por no querer dejarlo todo, por el apego a la vida que dejaba. Y se convirtió en una columna de sal. ¡Qué tragedia! Había sido liberada, sacada a la fuerza de un lugar de muerte, pero su corazón estaba todavía allí.


Lot y sus hijas llegaron al monte, y vivieron en una cueva. Un final de soledad y desesperación después de tanta pérdida. La historia de Lot no termina con un "felices para siempre", sino con las secuelas de malas decisiones y de vivir demasiado cerca de un mundo que no honra a Dios.


¿Qué podemos aprender?


Las decisiones importan, y mucho: La elección de Lot de la llanura del Jordán, por muy atractiva que pareciera, fue el inicio de su declive espiritual y familiar. A veces, lo que brilla más o parece más fácil no es lo mejor para nuestra alma. Oremos para que Dios nos dé discernimiento al elegir dónde echamos nuestras "tiendas".

La influencia del mundo es sutil y gradual: La asimilación de Lot en Sodoma fue paulatina. Empezó acampando cerca, terminó siendo parte activa de la ciudad. ¿Cuánto de nuestro "cerca" se convierte en "dentro" sin que nos demos cuenta? ¿Dejamos que las ideas, valores y prácticas del mundo se filtren en nuestra vida y en nuestra familia?

No miréis atrás: La advertencia a la esposa de Lot es poderosa. Una vez que Dios nos saca de algo, no hay vuelta atrás si queremos avanzar hacia Su propósito. No podemos aferrarnos a lo que hemos dejado, por muy cómodo, familiar o lucrativo que fuera. Nuestro corazón debe estar con Dios, no con lo que Él nos pidió soltar.

Dios es fiel, incluso en el rescate: A pesar de las malas decisiones de Lot, Dios fue fiel en sacarlo por amor a Abraham. Él siempre nos da una salida, Él es misericordioso y nos ofrece oportunidades para escapar del pecado y la destrucción.


Espero que esta entrada os haya dado algo en lo que pensar. ¡Nos vemos en la próxima, con más Biblia y reflexiones!


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