¿Ocurrieron de verdad las diez plagas de Egipto?
Hola, ¿cómo estás?
Hoy quiero contarte algo que durante años me dejó pensando, dudando, incluso incómoda cuando lo leía en la Biblia. ¿Las diez plagas de Egipto ocurrieron de verdad? ¿Fue todo literal? ¿O todo simbólico? ¿O tal vez… un poquito de ambos?
Confieso que cuando era más joven, cada vez que escuchaba la historia del Éxodo en misa o en catequesis, me quedaba con cara de “¿en serio pasó así?”. Sangre en el río, ranas por todos lados, langostas que cubrían el cielo, las tinieblas… y la muerte del primogénito. Suena como una película de terror, ¿no?
Y claro, crecí en un mundo donde la ciencia explica muchas cosas, y eso me hizo cuestionarme... ¿Cómo iba a ser posible que un río entero se convirtiera en sangre? ¿O que un país quedara a oscuras durante tres días? ¿Era todo una metáfora? ¿O era verdad, milagroso, pero verdad?
Mi búsqueda empezó con la duda
Hace unos meses, en un momento de reflexión con el libro del Éxodo, decidí no quedarme solo con la imagen dramática que me habían mostrado en la infancia, sino indagar más. Quería entender desde mi fe, pero también desde la razón.
Fui a parar a documentos de la Iglesia, comentarios bíblicos, vamos, sobre todo, a leer. ¿Y sabes qué descubrí? Que la Iglesia Católica no me obliga a tomar una postura literal o simbólica de forma absoluta.
¿Qué dice la Iglesia?
El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que la Escritura es la Palabra de Dios escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo, pero también nos enseña que hay que leerla con atención al género literario, al contexto histórico y a la intención del autor sagrado.
En otras palabras: no todas las partes de la Biblia se leen igual. Un salmo no se interpreta como un reporte de noticias. Un evangelio no es idéntico a un relato histórico moderno.
Y el Éxodo… ¿qué es?
Primero que nada, recordemos que las plagas de Egipto, que se relatan en el libro del Éxodo, son una serie de diez calamidades que Dios envió para liberar a los israelitas de la esclavitud. Desde ranas y piojos hasta la muerte de los primogénitos.
El falso dilema. ¿Literal o simbólico?
Lo primero que debemos entender es que la mentalidad católica a menudo nos invita a superar los "o esto o lo otro". En nuestra fe, muchas veces la respuesta es "esto Y lo otro". Y este es uno de esos casos.
La Iglesia no nos obliga a elegir entre una interpretación puramente literal y una puramente simbólica. Más bien, nos enseña a ver las dos dimensiones a la vez. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que el Éxodo es el acontecimiento central y fundacional de la historia de Israel. Es decir, la Iglesia afirma que hubo un acontecimiento histórico real en el que Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto.
Ahora bien, ¿significa eso que cada detalle ocurrió exactamente como lo leeríamos en un periódico de hoy? Aquí es donde entra la belleza de la Revelación.
La dimensión histórica
Muchos teólogos sugieren que las plagas podrían haber sido fenómenos naturales que Dios utilizó y magnificó de una manera extraordinaria para cumplir su propósito. Por ejemplo, una proliferación de algas rojas podría haber teñido el Nilo (primera plaga), lo que habría provocado la huida de las ranas a tierra (segunda plaga), su posterior muerte habría generado insectos (tercera y cuarta plagas), y así sucesivamente.
¿Le quita esto el factor "milagroso"? ¡Para nada! Al contrario, nos muestra a un Dios que es Señor de la Creación, que puede usar las mismas leyes de la naturaleza que Él estableció para enviar un mensaje claro y poderoso. El milagro no está solo en el qué, sino en el cuándo, en el cómo y, sobre todo, en el porqué. Fue la intervención divina en el momento justo y con un propósito salvador.
La dimensión simbólica
Aquí es donde la historia se vuelve aún más profunda. Las plagas no fueron castigos al azar. Fijaos bien: cada plaga era un ataque directo a uno de los falsos dioses egipcios.
El Nilo en sangre: Un golpe a Hapi, el dios del Nilo, fuente de vida para Egipto.
Las ranas: Una burla a Heqet, la diosa de la fertilidad con cabeza de rana.
La oscuridad total: Una humillación para Ra, el dios del sol, la deidad más poderosa del panteón egipcio.
La muerte de los primogénitos: El golpe definitivo contra el propio Faraón, que era considerado un dios viviente, y contra la herencia divina de su linaje.
Lo que Dios le estaba diciendo al Faraón (y al mundo entero) no era solo "deja ir a mi pueblo". El mensaje era: "Yo soy el único Dios verdadero. Vuestros ídolos de oro y piedra no tienen poder alguno ante mí". Era una catequesis en vivo y en directo sobre quién es el único Señor de la historia.
¿Y qué significa todo esto para nosotros hoy?
Aquí es donde todo cobra sentido para nuestra vida de fe. El Éxodo es una historia del pasado, pero también una prefiguración de nuestra propia salvación.
Egipto representa el mundo del pecado, de la esclavitud a nuestras pasiones, miedos y apegos.
El Faraón es la viva imagen de las fuerzas que nos oprimen, empezando por nuestro propio orgullo.
Las plagas son la poderosa intervención de Dios en nuestra vida, esas "sacudidas" que a veces necesitamos para darnos cuenta de que estamos atrapados y necesitamos ser liberados.
Y lo más importante: la sangre del cordero pascual que protegió a los israelitas es la prefiguración de la Sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que nos libra de la muerte eterna y nos abre las puertas del verdadero paraíso.
Así que, la próxima vez que lea el libro del Éxodo o vea una película sobre Moisés, voy a mirarlo con estos dos ojos: el de la historia, maravillándome de cómo Dios actúa en el mundo real, y el de la fe, reconociendo en esa antigua liberación mi propia historia de salvación.
La respuesta no es ¿literal o simbólico? La respuesta es que es un acontecimiento histórico cargado de un significado simbólico y teológico tan profundo que sigue hablándonos hoy.
¡Un abrazo!
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