¿Por qué necesitamos a Moisés?
Hace poco escribí sobre el libro del Éxodo, y mientras reflexionaba sobre todo lo que ese texto encierra, me di cuenta de algo, que... no se puede hablar del Éxodo sin detenerse en Moisés. Él fue un hombre con luchas reales, miedos, dudas y una fe que creció a lo largo del camino. Por eso, quiero centrarme en él, en su historia y en lo mucho que puede enseñarnos a nosotros.
Porque, sinceramente, no podemos entender el Éxodo sin entender a este hombre. ¿Crees que era un superhéroe con una personalidad perfecta? Pues...no. De hecho, a veces dudó, se enfadó, desobedeció e incluso intentó excusarse cuando Dios lo llamó. Pero, aun así, Dios lo eligió. ¿Y sabes qué? Eso es precisamente lo que hace su historia tan humana… y tan esperanzadora para nosotros hoy.
¿Quién fue Moisés?
Moisés nació en un tiempo de opresión. Los israelitas eran esclavos en Egipto, y el faraón había ordenado matar a todos los bebés varones hebreos. Pero Dios tenía un plan. Gracias a la valentía de su madre, que lo puso en una cesta sobre el río Nilo, Moisés fue encontrado y criado en la casa del faraón. Wow... era un niño destinado a morir, criado en el palacio del enemigo, pero con la fe de su pueblo marcada en su corazón desde pequeño.
Más tarde, trató de ayudar a su pueblo… pero lo hizo mal. Mató a un egipcio y tuvo que huir a Madián, donde pasó muchos años como pastor. Allí, en medio del desierto, Dios lo encontró (literalmente) en medio de una zarza ardiente que no se consumía. Y le dijo: “Yo soy el que soy. Ve, y te enviaré al faraón para que saques a mi pueblo de Egipto”.
¿Su reacción?
“¿Yo? ¿Quién soy yo para ir ante el faraón? ¿Y qué digo si me preguntan cuál es el nombre de tu Dios? ¡No soy elocuente! ¿Y si no me creen?”
¡Exactamente lo mismo que muchos de nosotros diríamos hoy!
¿Por qué Moisés nos sirve como ejemplo en estos días?
Porque Moisés fue obediente, aunque con miedo. No empezó fuerte en la fe, pero confió en Dios paso a paso. No esperó tener todas las respuestas, ni ser perfecto. Solo dijo “sí”… a pesar de sus temores.
También porque fue intercesor. Una y otra vez, cuando el pueblo se rebeló, se quejó o adoró al becerro de oro, Moisés fue al monte a hablar con Dios. Intercedió por ellos, incluso cuando no lo merecían. ¿No es eso lo que Jesús hace por nosotros hoy? Y también lo que nosotros, como cristianos, estamos llamados a hacer. Orar por otros, incluso cuando fallan.
Y además, fue humilde. A pesar de hablar cara a cara con Dios, de hacer milagros y liderar a un pueblo de millones, la Biblia dice que Moisés era el hombre más humilde sobre la tierra (Números 12:3). Esa humildad lo mantenía cercano a Dios, y por eso podía escucharle.
Y finalmente, fue fallido… pero no fracasado. Sí, cometió errores. Una vez, por falta de fe, golpeó la roca en lugar de hablarle como Dios le había mandado. Y por eso no entró en la tierra prometida. Pero eso no anula su legado. Dios lo usó. Y lo sigue mencionando en la Biblia como un ejemplo de fe.
¿Qué podemos aprender hoy?
Tú no necesitas ser perfecto para que Dios te use.
Moisés no era el más valiente, ni el más elocuente. Pero era un hombre que, al final, puso sus dudas en manos de Dios. Y ahora, miles de años después, seguimos hablando de él.
¿Tienes miedo de lo que Dios te está pidiendo? ¿Te sientes inadecuado, tímido, torpe? (Yo sí) ¿Has fallado antes y ahora dudas si aún puedes servir?
Pues recuerda a Moisés.
Dios no buscó al mejor candidato. Buscó un corazón dispuesto. Y si tú estás dispuesto a decir "sí", aunque con temor, Él puede escribir una historia poderosa a través de ti. No te compares con nadie. No mires tus defectos como barreras insuperables. Mira al Dios que convirtió a un pastor fugitivo en el liberador de una nación.
Porque si lo hizo con Moisés… ¿por qué no contigo?
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