La rendición total a Dios
Si te soy honesta, hay una batalla constante en mi corazón, una que creo que comparto contigo y con casi todos los creyentes... la lucha por la rendición total.
Es fácil entregarle a Dios las cosas pequeñas, un mal día, una preocupación pasajera. Pero cuando llegamos a esa área específica de nuestra vida que sentimos que tenemos que controlar, aquella donde reside nuestra seguridad o nuestra identidad, el agarre se vuelve firme y casi doloroso.
Es como si le entregáramos a Dios nueve décimas partes de nuestra existencia y, al llegar a esa última décima, decimos... "Señor, confío en Ti con todo, pero con esto… déjame manejarlo a mí".
Sé exactamente cómo se siente esa resistencia. Y si estás leyendo esto, quiero que sepas algo importante, no estás solo en esta lucha.
Mi resistencia... el control del futuro
Yo puedo entregarle a Dios mi pasado, puedo agradecerle por el día de hoy, pero cuando pienso en los planes de aquí a cinco años, o en cómo se resolverá ese gran dilema familiar, mi corazón se acelera.
Mi área más difícil de entregar es, sin duda, el futuro incierto.
Es mi instinto natural planear, mi deseo es tener un mapa detallado para evitar el dolor. Y aunque sé que la Biblia nos invita a vivir un día a la vez, me cuesta soltar esa falsa sensación de seguridad que me da el plan A, B, y C que he diseñado meticulosamente.
Y mientras yo estoy lidiando con el control de lo que vendrá, quizás tú estás lidiando con algo diferente, pero con la misma intensidad.
¿Cuál es tu "pero" en este momento?
La rendición no es un evento puntual es, en realidad, un proceso diario. Y ese proceso nos confronta constantemente con las áreas que valoramos más que la tranquilidad que viene de confiar en Dios.
¿Qué área de tu vida te está costando más entregar al Señor en este momento?
El trabajo y la ambición
¿Te cuesta soltar la necesidad de probar tu valor a través de los logros profesionales? ¿Te preocupa que si entregas tu camino a Dios, Él no te dará el éxito que esperas, o te pedirá que renuncies a algo que te da identidad? Aquí... el miedo es necesidad de validación.
Las finanzas y la seguridad
El dinero es el gran medidor de la seguridad humana... Entregar las finanzas significa confiar plenamente en Su provisión, especialmente cuando hay escasez o deudas. ¿Sientes que si dejas de controlar cada gasto o inversión, el suelo se va a caer? Aquí... el miedo es a la escasez.
Una relación difícil (un cónyuge, un hijo o un amigo)
Quizás has rezado incansablemente por alguien, pero te cuesta dejar de manipular las circunstancias para que esa persona cambie. Quieres desesperadamente ser tú quien resuelva el problema o quien salve la situación. Entregar esta área significa aceptar que tu amor no es suficiente para cambiar a nadie... solo el Suyo lo es. Aquí, el miedo es responsabilidad desmedida.
El futuro incierto
Como mencioné, para muchas de nosotros, este es el gran obstáculo. Queremos la garantía de que todo saldrá bien, según nuestros criterios. Entregar el futuro es rendir el derecho a conocer el desenlace. Es firmar un contrato en blanco con Dios. Aquí, el miedo es a la falta de control.
La belleza de entregar
La belleza de nuestro Padre es que Él no nos exige una rendición perfecta, solo una rendición sincera.
Rendirse no significa tirar la toalla y volverse pasivo. Significa simplemente reconocer: "Señor, yo no puedo manejar esto, pero Tú sí. Mi plan me agota, Tu plan me da vida".
Se trata de un acto de humildad, es dejar la tensión y soltar suavemente el área que te tiene asfixiado.
Sé que te asusta que Dios te pida algo incómodo. Pero te prometo que lo que Él tiene planeado para ti es infinitamente mejor y más seguro que el mejor plan que tú pudieras diseñar. El control que ejercemos es agotador, pero la paz que Él ofrece es sustentadora.
Oremos juntos
Necesitamos recordarnos que pertenecemos a una comunidad de fe. Tu lucha no es privada, es una oportunidad para que, juntos, nos acerquemos a la gracia.
No te quedes con ese nudo en el estómago. Te invito a hacer esta oración sencilla y honesta, la misma que hago yo cuando me encuentro aferrándome a lo que debo soltar:
“Amado Dios, confieso que estoy luchando. Esta área de mi vida me está costando más que ninguna otra entregarte, porque me siento vulnerable cuando no la controlo. Hoy, con manos temblorosas, decido soltarla y ponerla bajo Tu autoridad.
Perdóname por querer ser mi propio Dios en este aspecto. Ayúdame a confiar en que Tu seguridad es más firme que mi seguridad humana. Dame la paz que viene de saber que Tú estás a cargo. Amén.”
Respira hondo, lo estás haciendo bien. No hay vergüenza en la lucha, solo victoria en la entrega. Sigamos orando los unos por los otros.
Y tú, ¿cuál es esa área que le estás rindiendo a Dios hoy? ¡Compártelo en los comentarios para que pueda rezar específicamente por ti! ¡Con gusto lo haré!
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