Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

¿Quién fue Sansón?

Qué emoción, pero también qué penita me da deciros esto… Llegamos al final. Sí, este es el último Juez del que vamos a hablar, el que cierra este libro. Y os prometo que voy a intentar explicarlo con todo el cariño y el detalle posible, para que no nos perdamos nada de su increíble y a veces frustrante historia. Si veis algún detalle que creéis que podría mejorar o algún error que se me cuele, por favor, no dudéis en decírmelo en los comentarios. Estoy aquí para aprender y para que aprendamos juntos.


Y el broche de oro, o quizás de espinas para algunos, de esta saga de Jueces, es nada más y nada menos que… ¡Sansón! ¿A que su nombre ya os trae a la mente imágenes de fuerza descomunal y cabellos largos? Pero Sansón es mucho más que eso, es un retrato de contradicciones, de un llamado divino versus una naturaleza humana demasiado, demasiado humana.


Vamos a sumergirnos en su historia, ¿me acompañáis?


Propósito desde el vientre


Todo empieza de una forma bellísima, muy al estilo bíblico. Tenemos a una pareja estéril en Zora, Manoa y su esposa (cuyo nombre no se menciona, pero su fe es evidente). Se sentían impotentes, sin hijos, hasta que un ángel del Señor se le aparece a la mujer y le da la noticia más esperada, va a tener un hijo. Pero este no sería un hijo cualquiera.


El ángel les da unas instrucciones muy claras sobre cómo educarlo, porque sería un nazareo consagrado a Dios desde su nacimiento. Esto implicaba:


-No bebería vino ni ninguna bebida fermentada, ni comería nada de la vid.


-No pasaría navaja por su cabeza, su cabello no debía cortarse.


-No podría tocar ningún cadáver ni comer nada impuro.


¿Por qué todo esto? Porque Sansón estaba destinado a ser un libertador, el que comenzaría a salvar a Israel del yugo de los filisteos, una de sus mayores y más persistentes amenazas. Imaginad la responsabilidad, el honor... Un niño con un propósito tan grande, desde antes de nacer.


Juventud


Sansón crece, y la Biblia nos dice algo clave: "el Espíritu del Señor comenzó a manifestarse en él". Ahí estaba el poder de Dios obrando a través de él. Y vaya si se manifestaba.


Aquí es donde empezamos a ver las primeras grietas en la armadura de Sansón. En lugar de buscar una mujer israelita, como era lo esperado, sus ojos se posan en una mujer filistea de Timnat. Sus padres, con toda la razón, se oponen. "¿No hay una mujer entre las hijas de tus hermanos o entre todo nuestro pueblo?", le dicen. Pero Sansón insiste: "Esta es la que me agrada". Aquí vemos un patrón que se repetirá, sus deseos personales priman sobre la sabiduría, sobre las leyes, e incluso sobre su compromiso como nazareo.


Pero, oh sorpresa, la Biblia nos revela algo que sus padres no sabían: "Esto venía del Señor, quien buscaba ocasión contra los filisteos". Dios, en su soberanía, usa incluso nuestros errores y malas decisiones para cumplir sus propósitos. ¡Qué misterio y qué consuelo a la vez!


Camino a Timnat, un león joven le ruge. ¿Qué hace Sansón? Con la fuerza del Espíritu del Señor, desgarra al león con sus propias manos, como si fuera un cabrito. Increíble. Pero no le dice nada a sus padres.


Más tarde, al volver por la mujer, encuentra un enjambre de abejas y miel en el cadáver del león. Come de la miel (otro posible quebrantamiento, al tocar un cadáver y comer de algo impuro, aunque indirectamente) y se la da a sus padres, sin decirles de dónde venía. Este secreto será clave para su famosa adivinanza.


Bodas y venganza, el enigma del león


En la fiesta de bodas, Sansón propone un acertijo a los filisteos: "Del comedor salió comida, y del fuerte salió dulzura". Si lo adivinaban en siete días, les daría treinta vestidos de lino y treinta mudas de ropa. Si no, ellos se los darían a él.


Los filisteos, incapaces de resolverlo, amenazan a la esposa de Sansón para que le saque la respuesta. Ella, llorando y presionándole, lo consigue. Y así, en el séptimo día, le dan la respuesta: "¿Qué es más dulce que la miel y más fuerte que un león?".


Sansón, furioso (y con razón), sabe que ha sido traicionado. El Espíritu del Señor viene sobre él, va a Ascalón, mata a treinta filisteos, les quita sus ropas y paga la apuesta. Luego, vuelve a la casa de sus padres, lleno de ira, y su esposa es dada a su padrino.


Zorros, antorchas y masacres


Tiempo después, Sansón vuelve a Timnat para ver a su esposa, llevando un cabrito como regalo. Pero el padre de ella le dice que ya se la ha dado a otro. ¡Imaginen la indignación de Sansón!


Su venganza es épica y brutal, captura trescientas zorras, las ata por las colas de dos en dos, pone una antorcha entre cada par de colas y las suelta por los campos de los filisteos. Cosechas, viñedos y olivares arden.


Los filisteos, al enterarse de la razón, queman viva a la mujer y a su padre. La ira de Sansón vuelve a encenderse y los ataca con una gran matanza, desquitando su furia.


La quijada de burro y mil vidas filisteas


Los filisteos suben a Lehi para vengarse. Los hombres de Judá, asustados, le piden a Sansón que se entregue para evitar más guerra. Sansón acepta, pero con la condición de que ellos no lo maten. Lo atan con dos cuerdas nuevas y lo entregan.


Pero, una vez más, "el Espíritu del Señor vino con poder sobre él". Las cuerdas de sus brazos se rompen como hilos quemados. Ve una quijada de burro fresca, la toma y con ella, ¡mata a mil filisteos! Una proeza. Sediento después de la batalla, clama a Dios, y Dios abre una fuente de agua para él. Sansón juzga a Israel durante veinte años.


Las puertas de Gaza y la prostituta


Sansón sigue con su vida, sus aventuras y sus debilidades. Va a Gaza y entra en casa de una prostituta. Los filisteos se enteran, lo rodean y planean matarlo al amanecer. Pero Sansón, a medianoche, se levanta, arranca las puertas de la ciudad, los postes y la barra, ¡y se los lleva a cuestas hasta la cima de un monte cerca de Hebrón! Otra muestra de su fuerza sobrehumana, pero también de su imprudencia.


Dalila


Aquí viene el clímax, la historia que todos conocemos. Sansón se enamora de una mujer en el valle de Sorec, llamada Dalila. Los príncipes filisteos la sobornan para que descubra el secreto de su fuerza. ¡Mil cien siclos de plata cada uno! Una fortuna.


Dalila empieza a presionar a Sansón, preguntándole una y otra vez. Él, por ligereza, por ceguera, o por no querer creer que ella lo traicionaría, le da tres respuestas falsas:


-Siete cuerdas de arco frescas: Ella lo ata, lo despierta con el grito de "¡Sansón, los filisteos sobre ti!", y él las rompe como hilos.


-Cuerdas nuevas: Mismo proceso, mismo resultado. Él las rompe.


-Tejer sus siete trenzas en el telar: Ella lo hace mientras duerme, asegura el telar, y al despertarlo, él arranca el telar y todo lo demás.


Dalila se queja amargamente, "¿Cómo dices que me amas si tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces y no me has revelado el secreto de tu gran fuerza". Y aquí está el momento crucial. Presionado día tras día, "su alma fue fatigada hasta la muerte". Sansón, agotado, finalmente le confiesa su secreto. Nunca ha pasado navaja por su cabeza, porque es nazareo. Si le cortaran el cabello, su fuerza se apartaría de él y se volvería como cualquier otro hombre.


Dalila sabe que esta vez es verdad. Llama a los príncipes filisteos. Mientras Sansón duerme sobre sus rodillas, un hombre le afeita las siete trenzas de su cabeza. Y su fuerza lo abandona. Dalila grita: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!". Él se despierta y piensa: "Saldré como otras veces y me libraré". Pero la Biblia nos da una frase escalofriante: "Pero él no sabía que el Señor se había apartado de él."


¡Qué dolor! Sansón había jugado tanto con el fuego, había desobedecido tantas veces su pacto, que Dios finalmente se retira. Los filisteos lo apresan, le sacan los ojos (¡la ceguera física reflejando su ceguera espiritual!), lo atan con cadenas de bronce y lo llevan a Gaza, donde lo ponen a moler grano en la cárcel. Un gigante reducido a la esclavitud, humillado, sin vista, sin fuerza, sin Dios.


El último acto


Pero Dios, que es Dios de segundas oportunidades, de gracia infinita, no había terminado con Sansón. Mientras estaba en la cárcel, nos dice el texto, "el cabello de su cabeza comenzó a crecer de nuevo". Una señal de esperanza, un recordatorio del pacto, una promesa.


Los filisteos celebran un gran festival a su dios Dagón, agradeciéndole la entrega de Sansón. Llenos de alegría, lo sacan de la cárcel para que los entretenga. Sansón, ciego, pide al muchacho que lo guía que lo ponga entre las columnas principales del templo.


Y aquí viene el acto final de fe y redención. Sansón ora a Dios: "Oh Señor Dios, te ruego que te acuerdes de mí, y te ruego que me fortalezcas sólo esta vez, oh Dios, para que de una vez me vengue de los filisteos por mis dos ojos"


Entonces, se apoya en las dos columnas centrales y grita: "¡Muera yo con los filisteos!". Y con toda su fuerza, empuja las columnas. El templo se derrumba, matando a todos los príncipes y a una multitud de miles de hombres y mujeres. La Biblia concluye diciendo que "los que mató al morir fueron más que los que había matado durante su vida".


Sus hermanos y toda su familia bajan a recoger su cuerpo y lo entierran.


Mis reflexiones sobre Sansón... un héroe imperfecto en manos de un Dios perfecto


¿Qué podemos aprender de Sansón? ¡Muchísimo!


Sansón fue llamado por Dios para un propósito específico, y Dios usó su fuerza para cumplirlo, a pesar de sus constantes errores y su falta de autocontrol. Nos muestra que Dios puede usar a personas imperfectas para sus planes perfectos. ¡Qué esperanza para nosotros!


Sansón jugó con fuego una y otra vez. Ignoró las reglas de su voto nazareo, buscó placeres efímeros, se dejó llevar por la ira y, finalmente, por una tentación persistente. Su ceguera, su esclavitud... fueron el resultado directo de sus decisiones. Nos recuerda que no podemos coquetear con el pecado y esperar salir ilesos.


Incluso después de perderlo todo, Dios no se olvidó de Sansón. Su cabello volvió a crecer, y con él, la oportunidad de una última y definitiva acción de fe. En su momento más bajo, Sansón clamó a Dios, y Dios le respondió. ¡Nuestro Dios es un Dios de segundas, terceras, y todas las oportunidades que necesitemos si nos volvemos a Él!


Aunque fue un hombre de grandes fallos, el libro de Hebreos lo incluye en la galería de la fe (Hebreos 11:32-34). Esto nos enseña que la fe no es perfección sin errores, sino una dependencia en Dios, incluso en medio de nuestras batallas internas y externas.


Sansón es un juez complejo, sí, pero su historia es un espejo para muchos de nosotros. ¿Cuántas veces hemos sentido que tenemos un llamado, un propósito, pero nos desviamos por nuestros deseos y debilidades? ¿Cuántas veces hemos jugado con el pecado, creyendo que podemos controlarlo, hasta que nos damos cuenta de que hemos perdido nuestra fuerza espiritual?


Pero la historia de Sansón también nos grita la verdad inquebrantable de que Dios es fiel. Incluso cuando nosotros no lo somos, Él sigue siendo Dios. Su gracia nos alcanza, nos levanta, y nos da la oportunidad de redimir nuestros errores, incluso en nuestros últimos alientos.


Espero de todo corazón haberle hecho justicia a la historia de Sansón. Ha sido un viaje increíble recorrer el libro de Jueces con vosotros. Gracias por acompañarme en esta aventura. ¡Nos vemos en el próximo libro!


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