Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

Solo Dios puede salvarnos

Necesito abrir mi corazón en esta entrada.


Yo busqué respuestas en el mundo y me sentí vacía


Durante años, mi vida giró alrededor de metas, logros y soluciones humanas. En los estudios, en mis relaciones, en mis objetivos (y en muchas más cosas), intentaba encontrar seguridad en mi inteligencia, en mi esfuerzo o en la aprobación de los demás.


Cada vez que lograba algo, la satisfacción duraba poco y, al final del día, volvía a sentir ese vacío que me hacía pensar "¿hay algo más?"


En medio de esa búsqueda, me golpeó la frase “Sólo Dios puede salvarnos.” Al principio la leí como un cliché, peeeero... algo en mi interior me impulsó a profundizar (y esa frase acabó cambiando mi vida por completo, a mejor).


El encuentro que cambió mi perspectiva


Una tarde, cansada y desanimada, me senté a abrir la Biblia. Mis ojos se detuvieron en Juan 14:6: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”


En ese momento comprendí que la salvación no es un plan que podemos armar con nuestras propias estrategias. Es una obra total de Jesucristo, quien tomó sobre sí mismo el peso del pecado y nos abrió la puerta a una relación viva con el Padre.


No fue un instante de sentimiento pasajero. No. Fue realmente un reconocimiento profundo: mi alma necesitaba a Dios, no a mis logros. Fue entonces cuando, con humildad, le dije: “Señor, reconozco que soy pecadora, que no puedo salvarme por mí misma. Necesito tu gracia. Ven a mi vida y úsame.”


Y la paz que sobrepasó todo entendimiento, que la propia Escritura describe en Filipenses 4:7, se instaló en mi corazón.


¿Por qué solo Dios puede salvarnos?


La naturaleza del pecado


El pecado es una separación espiritual que solo el Cordero sin mancha puede reparar. En Romanos 3:23 leemos: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”


Nadie, por su propio esfuerzo, puede eliminar esa barrera. Solo el sacrificio de Cristo en la cruz paga esa deuda.


La gracia que excede nuestras obras


Efesios 2:8-9 declara: “Porque por gracia sois salvos mediante la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”


La salvación es un don, no una recompensa. Cuando la buscamos en nuestras obras, siempre nos quedaremos cortos, la gracia de Dios lo cubre todo.


La vida transformadora del Espíritu


Una vez que aceptas a Cristo, el Espíritu Santo comienza a obrar en ti, guiándote, consolidándote y capacitándote para vivir conforme a la voluntad de Dios (Juan 16:13). Es un renacer interior que solo Él puede producir.


¿Qué significa esto?


Que no hay vergüenza en admitir que, por ti mismo, no puedes alcanzar la plenitud. Esa humildad abre la puerta a la intervención divina.


Sí, la salvación es un regalo que recibes al confiar en Jesús como tu Señor y Salvador (Juan 1:12).


Una vez eres consciente de esto, tu trabajo debe ser permanecer en comunión. La relación con Dios se nutre en la oración, la lectura de la Palabra y la comunidad de creyentes. Diariamente.


Si en este momento sientes que algo falta, o que la vida te pesa, te invito a que, ahora mismo, repitas conmigo: “Jesús, reconozco que sólo tú puedes salvarme. Ven a mi corazón y hazte dueño de mi vida.”


Si lo haces con sinceridad, la promesa de Juan 10:9 es segura: “Yo soy la puerta; el que entre por mí será salvo.”


Una vida renacida


Desde que dejo mi salvación en manos de Cristo, mi perspectiva ha cambiado por completo. Las metas que antes dominaban mi existencia ahora son instrumentos para glorificar a Dios. Mis relaciones están marcadas por el amor incondicional que recibí del Padre. Y, sobre todo, la paz interior que antes parecía inalcanzable ahora es mi compañera constante, aun en medio de las tormentas.


Quiero que sepas que no estás solo en este camino. La familia de creyentes está dispuesta a acompañarte, rezar por ti y sostenerte. Si deseas conversar, compartir tus dudas o simplemente recibir oración, escríbeme. Estoy aquí, porque Dios me ha llamado a ser testimonio vivo de que solo Él puede salvarnos.


Oración


Padre Celestial, reconozco que soy insuficiente y que solo en Ti, a través de Tu Hijo Jesús, puedo encontrar salvación. Te pido humildemente que vengas a mi vida, que me perdones y que me hagas una nueva creación. Llena mi corazón con tu Espíritu Santo, y guíame cada día en tu verdad. Gracias por tu amor inagotable. En el nombre de Jesús, amén.


Si acabas de rezar, celebra este nuevo comienzo. Dios ha comenzado una obra maravillosa en ti, y solo Él tiene el poder de llevarla a buen término.

Comentarios