¿Qué significa "Caminar con Dios" para ti? ¿Quién fue Enoc?
Hoy está siento un maratón de citas, recados y tareas. He pensado que, quizás, deba dejar un poco de lado el blog. Pero, ¿sabéis qué? No puedo. No me canso. Cada vez que abro la Biblia, siento que descubro tesoros nuevos, que la roca sólida de las Escrituras me ancla y me llena de una sed insaciable por profundizar, por reflexionar, por compartir. Así que, entre una cosa y otra, voy sacando ratitos para escribir estas líneas para vosotros, robándole minutos al tiempo, para traer una historia que me fascina.
Esta es una de las maravillas de la Biblia: por muchas veces que la leas, siempre encuentras un matiz nuevo, un personaje que brilla con luz propia y te invita a investigar más. Y es que, sinceramente, nunca me canso de leer sobre la Biblia.
Hace unas entradas, cuando conté la historia de Noé y el Diluvio, mencioné de pasada a un hombre extraordinario, un antepasado de Noé llamado Enoc. Y hoy, no he podido quitármelo de la cabeza. Su historia es tan breve como profunda, y está llena de un misterio que vale la pena explorar.
El hombre que desapareció: ¿Por qué Enoc es fascinante?
Pues sí, debo confesaros una pequeña obsesión personal que tengo dentro de la narrativa bíblica. Hay personajes que, aunque se mencionan en apenas un par de versículos, logran anclarse en nuestra mente y no nos sueltan jamás. Para mí, ese misterio ambulante tiene nombre y se llama Enoc.
No sé si a vosotros os pasa, pero a mí este hombre me tiene completamente cautivada. Es el único personaje del Génesis que rompe con la monotonía de la genealogía: "Nació, vivió, engendró hijos… murió".
Enoc se saltó la última parte.
Para mí, esta breve historia encierra una de las lecciones más esperanzadoras sobre nuestra relación con Dios.
Caminar con Dios
Mi fascinación por Enoc radica precisamente en lo poco que sabemos de él y en el resultado épico de su vida.
La Biblia, en Génesis, capítulo 5, nos da la biografía más breve y a la vez más revolucionaria de la historia:
"Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios." (Génesis 5:21-24)
¡Piénsalo bien! En un mundo lleno de pecado y violencia (justo antes del Diluvio, donde la vida era brutal y corta), Enoc logró algo inaudito: tuvo una intimidad tan profunda con su Creador que, en lugar de pasar por la muerte, fue simplemente llevado. Fue la primera ascensión de la historia, un trato especial (bueno, más tarde se repetiría con el profeta Elías, pero queda mucho para que lleguemos a esa parte).
¿Qué me dice a mí, como mujer de fe, esta historia? Que el milagro no está en la desaparición, sino en el verbo que la precede: caminar.
Enoc no hizo grandes proezas públicas, no fundó naciones ni escribió leyes (al menos no en el canon católico). Su mérito fue la constancia, la fidelidad diaria. Él mantuvo una relación de compañerismo, un paseo continuo con Dios, un día tras otro, durante muchos años.
¡Esa es la clase de relación que yo anhelo! Una cercanía que no se basa en el espectáculo, sino en la presencia ininterrumpida. Si Enoc pudo mantener esa intimidad a pesar de las tentaciones de su mundo, eso me da esperanza.
Una nota sobre el Libro de Enoc
Sé que muchos de vosotros, cuando oís el nombre de Enoc, pensáis inmediatamente en el famoso Libro de Enoc.
Y sí, es cierto: existe.
El Libro de Enoc es una obra apócrifa (es decir, no forma parte del canon bíblico aceptado por la Iglesia Católica y la mayoría de las iglesias cristianas, aunque sí fue muy influyente en los primeros siglos). Este libro ofrece detalles fascinantes, describiendo la caída de los ángeles, la aparición de gigantes Nephilim y profecías sobre el juicio final. Es una lectura poderosa y muy interesante, si te gusta la historia religiosa.
Pero aquí viene mi punto: Aunque el Libro de Enoc sea rico en detalles, para nuestra vida de fe práctica y para el estudio de la revelación divina, debemos ceñirnos al relato inspirado que la Iglesia nos ha legado: el canon.
Y lo hermoso es que, en la sencillez del canon, tenemos toda la verdad que necesitamos.
La lección fundamental no está en saber cómo eran los gigantes, sino en entender cómo se camina con Dios.
Al final, ¿qué nos dice el Génesis? Que Enoc centró su vida en el Creador, y Dios le recompensó con una cercanía absoluta.
¿Qué significa "Caminar con Dios" para ti?
Enoc es uno de mis personajes favoritos porque me obliga a preguntarme: ¿Estoy yo, en mi día a día, caminando con Dios?
No se trata de ir a la iglesia solo los domingos. "Caminar" implica movimiento, dirección y compañía. Significa que, mientras te levantas, trabajas, cuidas de tu familia o enfrentas desafíos, estás consciente de Su presencia a tu lado.
Enoc nos enseña que la fidelidad silenciosa y constante es lo que realmente atrae el corazón de Dios. Si logramos mantener ese "paseo", esa conversación diaria y esa obediencia amorosa, nuestra vida será transformada y, al igual que Enoc, experimentaremos una intimidad que trasciende las barreras humanas.
No sé cuál es el misterio que más te atrapa de la Biblia, pero te invito a que hoy medites en la vida de Enoc.
Él no murió. Solo caminó un poco más lejos de lo normal, y Dios lo tomó de la mano.
¿Qué paso vas a dar hoy para acercarte un poco más a Él?
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