Rut: Un espejo para nuestros tiempos
En la entrada anterior, compartí contigo la historia de Rut. Si aún no la has leído, te animo a que lo hagas, porque hoy no voy a contarla nuevamente. En esta ocasión quiero hablar de cómo este relato bíblico (antiguo y a la vez tan vivo), refleja realidades que nos golpean ahora: el duelo, el desempleo, la soledad y la migración. Temas que siguen doliendo en nuestro mundo.
El duelo: Cuando el dolor nos cambia
Rut era una mujer que había perdido a su esposo. Noemí, su suegra, había perdido a su esposo y a sus dos hijos. Eran mujeres marcadas por el luto, como muchos de nosotros. Además, a veces, el duelo no es por una persona, sino por sueños rotos, por etapas que terminan o por una vida que ya no es la misma.
Pero algo hermoso en Rut es que el dolor no la paralizó. Aunque la tristeza estaba ahí, ella eligió seguir adelante, acompañando a Noemí. Esa es una lección grandiosa: el duelo no tiene que ser el final de nuestra historia. Dios está en medio del valle de sombra, transformando nuestro dolor en algo nuevo.
El desempleo: Cuando falta el pan
Rut y Noemí regresaron a Belén sin recursos. Rut, una extranjera, tuvo que salir a los campos a recoger lo que los segadores dejaban atrás. Era un trabajo duro, incierto, humillante para algunos.
Hoy, muchos conocen esa angustia: currículums que no reciben respuesta, cuentas que no cierran y, sobre todo, la sensación de no ser suficiente. Pero en la historia de Rut, Dios proveyó a través de Booz, quien no solo le dio trabajo, sino dignidad. Dios no ignora nuestras necesidades, aunque a veces el proceso sea difícil.
La soledad: Cuando nadie parece entender
Rut llegó a Belén como una extraña. Moabita, viuda y, además, extranjera. Noemí misma decía: "No me llaméis Noemí [dulce], sino Mara [amarga]" (Rut 1:20). ¿Te has sentido así? Como si estuvieras fuera de lugar, como si nadie realmente te viera.
Sin embargo, Rut encontró pertenencia. Primero en la lealtad de Noemí, luego en la bondad de Booz. Dios nos recuerda que nunca estamos tan solos como creemos. Él siempre está tejiendo relaciones, abriendo puertas, incluso en nuestra mayor fragilidad.
La migración: Cuando el hogar es un lugar lejano
Rut dejó Moab para ir a una tierra desconocida. No sabía qué la esperaba, pero eligió ir con Noemí. Hoy, millones de personas migran buscando refugio, trabajo, seguridad. Muchos son maltratados, rechazados, como podría haber sido Rut.
Pero sabemos que su historia continúa de tal modo que Rut, la extranjera, se convirtió en bisabuela del rey David y, siglos después, en antepasada de Jesús. Su vida prueba que Dios usa a los forasteros para cumplir sus propósitos.
¿Y nosotros?
Quizá hoy te sientes como Rut... herido, cansado o fuera de lugar. Pero ella nos recuerda que Dios escribe finales hermosos desde los comienzos más duros. Él no ha terminado contigo, eso tenlo por seguro.
¿En cuál de estos temas te ves reflejado? Cuéntamelo en los comentarios. Me encantaría rezar por ti.

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