Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

Eliseo

Ayer te conté la historia de Elías, el profeta tan valiente que se enfrentó a reyes y falsos dioses sin temblarle la voz. Pues bien, hoy quiero presentarte a su sucesor, por llamarlo de alguna manera, Eliseo. 


Eliseo aparece en la Biblia como un hombre común al que Dios llama para algo extraordinario. La primera vez que lo vemos está arando el campo, trabajando con sus bueyes, cuando Elías pasa y le echa su manto encima. Ese gesto era como decirle “Dios te ha elegido para seguir mi misión”. Y lo más impresionante es que Eliseo deja todo en ese momento, despide a su familia, sacrifica sus bueyes y se va tras Elías. Me encanta este detalle porque habla de entrega total, sin medias tintas.


Durante un tiempo, Eliseo acompaña a Elías, aprendiendo de él y sirviéndole. Hasta que llega el momento en que Dios decide llevarse a Elías al cielo. Ese día es muy especial. Eliseo sabe que su maestro se va, y le pide a Dios recibir “una doble porción” del espíritu de Elías. No es que quisiera ser mejor que él, sino que sabía que la misión era grande y necesitaba mucha fuerza. Y Dios se la concede. Elías es llevado al cielo en un carro de fuego (¡ohhh, qué imagen tan impresionante!) y desde entonces Eliseo asume el papel de profeta en Israel.


Y aquí empieza lo más fascinante. Eliseo es protagonista de una cantidad increíble de milagros y señales. Multiplicó aceite para que una viuda pudiera pagar sus deudas y vivir con sus hijos, purificó aguas contaminadas para que un pueblo pudiera beber, devolvió la vida al hijo de una mujer sunamita que lo había hospedado, y hasta hizo flotar un hacha en el agua (el hierro no flota).


También ayudó a un general extranjero llamado Naamán, que sufría de lepra. Naamán esperaba un acto espectacular, pero Eliseo solo le dijo que se bañara siete veces en el río Jordán. Al principio, el hombre se ofendió, pero cuando finalmente obedeció, fue sanado por completo. Esta historia me encanta porque me recuerda que Dios a veces obra a través de cosas simples, y que la obediencia abre la puerta a los milagros.


Eliseo no solo hizo señales poderosas, también fue un consejero para reyes y un hombre de profunda compasión. Vivió en una época difícil, con guerras y mucha idolatría, pero siempre se mantuvo fiel a Dios y dispuesto a servir. Incluso después de su muerte, la Biblia cuenta que un hombre fue resucitado al tocar sus huesos. Eso me deja sin palabras: ¡su vida estuvo tan llena de la presencia de Dios que hasta sus restos fueron usados para dar vida!


Cuando pienso en Eliseo, me quedo con esta idea... Dios puede usar a cualquiera que esté dispuesto a dejarlo todo por Él. No importa si tu vida parece ordinaria, cuando Dios llama, lo extraordinario puede empezar en cualquier momento.


Y tú, ¿te imaginas qué podría hacer Dios contigo si le dices un “sí” tan decidido como el de Eliseo?

Comentarios