Retomamos nuestro viaje, ¡nos sumergimos en el libro de 1 Samuel!
Espero que estas semanas de Adviento os estén encontrando muy bien. En las dos últimas entradas, hablamos de cómo vivir este tiempo tan especial con el corazón puesto en lo que de verdad importa, preparándonos para una Navidad donde Jesús sea el verdadero protagonista. Me encanta compartir con vosotros estas reflexiones, porque creo que, en medio del ajetreo, nos ayudan a enfocar la mirada.
Bien, pues hoy, aunque seguimos con la mente en el pesebre, vamos a retomar algo que muchos de vosotros me habéis pedido, nuestro repaso a la Biblia. Así que, sin más dilación, vamos a abrir nuestras Biblias (o la app de vuestra Biblia, ¡a cada cual lo suyo!) para meternos de lleno en una de las épocas más fascinantes de la historia de Israel: el libro de 1 Samuel.
¿En qué momento estamos?
Imaginad que cerramos el libro de Jueces con aquella frase tan potente y un poco desoladora: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía recto”. Pues bien, 1 Samuel empieza justo en ese clima de caos relativo y de necesidad de un cambio. Es un puente, un libro de transición que nos lleva del sistema de los jueces (líderes que Dios levantaba puntualmente) al sistema de la monarquía (un rey que gobernaría de forma permanente). Y esa transición, creedme, tiene de todo... drama, acción, lágrimas y lecciones que nos hablan hoy mismo.
Los protagonistas de esta historia
Para no perdernos, vamos a presentar a los tres personajes principales que marcan el pulso de todo el libro:
-Samuel: Es el chico que lo une todo. Nace de forma milagrosa, fruto de la oración desesperada de su madre Ana (¡mi nombre, por cierto!). Es el último de los grandes jueces de Israel y el primero de una larga línea de profetas que tendrán una influencia enorme en la nación. Es Samuel quien unge a los dos primeros reyes de Israel, por lo que es el conector entre una era y la siguiente. Un hombre de oración y de enorme integridad.
-Saúl: Es el primer rey de Israel. Fue la "opción del pueblo". Si lo buscáis en casting para una película, sería el elegido: alto, apuesto, con todo el aspecto de un rey formidable. Pero su historia es una tragedia. Empezó con humildad, pero su desobediencia y su inseguridad le llevaron por un camino oscuro, alejándose de Dios.
-David: Es la "opción de Dios". El pequeño pastor de Belén, el último de los hermanos (al que nadie tomaba en serio). Pero para Dios, él era "un hombre conforme a su corazón". Es el rey esperado, el tipo de líder que Dios quería para su pueblo, y su historia es la de un ascenso meteórico lleno de fe, valentía y también de muchísimas dificultades.
Un viaje a través de los capítulos clave
Ahora sí, vamos a ver qué pasa en este libro, sin dejar nada por el camino.
-Una oración que lo cambia todo (Cap. 1-3): Empezamos con Ana, una mujer estéril que le ruega a Dios con todo su corazón por un hijo. Dios le escucha y le da a Samuel. Desde pequeño, Samuel sirve en el tabernáculo y es ahí donde Dios le llama por su nombre en una de las escenas más bonitas de la Biblia. “Habla, Señor, que tu siervo oye”. ¡Qué respuesta!
-El pueblo quiere un rey (Cap. 8): Aquí está el gran punto de inflexión. Samuel es ya mayor y sus hijos no le siguen en su honestidad. Los ancianos de Israel se le acercan y le dicen: “Danos un rey para que nos gobierne, como tienen todas las naciones”. Samuel se siente rechazado, pero Dios le explica una verdad fundamental: “No te han rechazado a ti, sino a mí, para que no reine sobre ellos”. El pueblo quiere ser como los demás, en lugar de confiar en el único Rey verdadero.
-El reinado de Saúl (Cap. 9-15): Samuel unge a Saúl como rey. Al principio, todo va bien. Saúl gana su primera batalla y muestra humildad. Pero pronto empiezan los problemas. Primero, ofrece un sacrificio que no le correspondía (Cap. 13), mostrando su impaciencia y su falta de fe. Y la gota que colma el vaso es en el capítulo 15, cuando Dios le ordena destruir por completo a los amalecitas y Saúl desobedece, perdiendo lo mejor del ganado "para ofrendar a Dios". Es aquí donde Samuel le lanza aquella frase que debería hacernos reflexionar a todos: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios”.
-Llega David, el rey según el corazón de Dios (Cap. 16-17): Dios le dice a Samuel que olvide a Saúl y vaya a Belén para ungir al nuevo rey. Cuando ve a los hijos de Jesé, Samuel se fija en el mayor, que parecía un rey, pero Dios le corrige: “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. Y así, unge al pequeño David. Poco después, asistimos a una de las historias más famosas: David y Goliat. Esta historia es muy famosa y puede parecer solo un cuento de niños, pero es, en realidad, una demostración de fe radical en un Dios gigante.
-Amistad, celos y persecución (Cap. 18-31): A partir de aquí, la vida de David se entrelaza con la de Saúl de una forma trágica. David se gana el amor del pueblo con sus victorias, lo que despierta unos celos mortales en Saúl. Vemos la increíble amistad de David con Jonatán, el hijo de Saúl, un lealtad que sobrepasa cualquier circunstancia. Y vemos cómo Saúl persigue a David sin descanso por todo el desierto, intentando matarlo. El libro termina con la muerte de Saúl en batalla, un final realmente triste para el que fue el primer rey de Israel.
¿Qué nos deja 1 Samuel a nosotros hoy?
Este libro... ¡está súper cargado de lecciones para nosotros!
Una de las lecciones más importantes que nos enseña es que la obediencia lo es todo. Dios no busca nuestra perfección, sino un corazón que le escuche y quiera obedecerle, como el de David. Saúl tenía todo lo que el mundo admira, pero le faltaba lo más importante.
Otra cosa que aprendemos, es que Dios mira por dentro. No nos dejemos engañar por las apariencias, ni en los demás ni en nosotros mismos. Para Dios, lo que vale es la condición de nuestro corazón. ¿De qué está lleno?
Además, con esta lectura podemos ver que Dios es soberano sobre nuestro caos. Aunque el pueblo tomó una mala decisión pidiendo un rey, Dios no les abandonó. Usó su error para seguir escribiendo su plan de salvación, un plan que culminaría mucho tiempo después con el nacimiento de su Hijo, el Rey definitivo, Jesús.
Bueno, después de este repaso intenso, ¡espero que tengáis ganas de leer o releer 1 Samuel! Es una aventura que no os dejará indiferentes.
Ahora sí, volvemos un poco al modo Adviento. ¡Qué precioso es pensar que de la descendencia de ese pequeño pastor de Belén, David, nacería en esa misma ciudad el Pastor y Rey de nuestras vidas!
Un abrazo grande y ¡a disfrutar de la Palabra!
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