Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

¡Hoy empieza el Adviento!

¿Sentís esa sensación de que algo especial está a punto de llegar, incluso antes de que lo veamos del todo? ¡Hoy damos comienzo al Adviento! Para mí, es uno de los tiempos más hermosos de nuestro año litúrgico. 


Porque el Adviento, en su esencia más pura, es un tiempo de esperanza. Esperamos la venida de Jesús. Y no solo recordamos su primera venida, la de Belén, el Niño Dios entre nosotros, sino que también esperamos su venida gloriosa al final de los tiempos, y sobre todo, esperamos su presencia viva y real en nuestras vidas hoy, aquí y ahora.


A veces, con las luces, los villancicos y las prisas, podemos quedarnos en la superficie del Adviento, como lo es la decoración y los regalos. Pero como católicos, este tiempo nos llama a algo más profundo. ¿A qué? Pues a buscar a Dios en medio de nuestras vidas, a preparar nuestros corazones para recibirlo, y a vivir ya desde ahora la alegría de su Reino.


Pienso en las lecturas de estos días. Nos hablan de profecías y de espera, de la venida de un Mesías que trae justicia y paz. A veces, reconozco, a mí me cuesta ver esa justicia y esa paz a mi alrededor. El mundo puede parecer oscuro, todo lleno de preocupaciones y de noticias que me agobian. ¿Y en medio de todo eso, cómo avivar la esperanza?


Para mí, la clave está en no esperar pasivamente a que algo mágico suceda. Es mucho mejor hacer una preparación activa. ¿Y a qué me refiero con eso?


En este tiempo de mucho ruido exterior, intentemos buscar momentos de silencio interior. Unos minutos al día para estar con Dios, para escuchar su voz en nuestro corazón. Es bueno rezar el rosario, leer la Biblia (y, si os parece bien, leer también este pequeño blog que la va repasando), o simplemente estar en su presencia.


Además, El Adviento nos invita a examinar nuestras vidas. ¿Hay algo que nos aleja de Dios? ¿Algún hábito, alguna actitud o alguna herida que necesitemos sanar? Este es un tiempo para pedirle perdón y para empezar de nuevo, con su ayuda. Es un camino de purificación para que nuestro corazón esté listo para recibir al Rey.


Otra cosa importante que me gustaría señalar es que la esperanza que tenemos en Adviento no es una cosa abstracta. Es la esperanza que se encarna en el amor al prójimo. ¿A quién puedo extender una mano hoy? ¿Cómo puedo llevar esa luz de Cristo a alguien que lo necesita? Las obras de misericordia, incluso las más pequeñas, son el mejor reflejo de la esperanza.


Y, cómo no, el Adviento es un tiempo para estar despiertos. Despiertos a la presencia de Dios en nuestra vida, despiertos a las necesidades de los demás, y despiertos a la llamada a vivir como verdaderos hijos de Dios.


Cuando preparo mi corazón en Adviento, siento que no solo me preparo para la Navidad, sino que me preparo para la vida. Me siento más arraigada en la fe, más llena de esa alegría que solo Dios puede dar, y más fuerte para afrontar los desafíos del día a día con esa luz de esperanza que Él derrama en nosotros.


Pues, nada, que este Adviento, os invito a todos vosotros a que lo vivamos juntos. Pero no solo como un preludio a la Navidad, sino como un verdadero camino de crecimiento cristiano. Que no dejemos que las distracciones nos roben la gracia de este tiempo. Busquemos la sencillez, la profundidad y, sobre todo, la profunda alegría de saber que Él viene, Él está aquí, y Él siempre será nuestra mayor esperanza.


¡Que el Señor nos bendiga en este tiempo maravilloso!

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