Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

La contracultura del Reino de Dios

¿Alguna vez has sentido que el mundo te pide ser fuerte, pero tu alma está cansada? ¿Que para "triunfar" necesitas ser más ruidoso, más visible y más exitoso según los estándares que nos vende la sociedad? 


Pues yo creo que, en medio de todo ese ruido, olvidamos una verdad importante: que la verdadera fuerza no siempre se ve, y que la victoria más grande no siempre es la que gritan los titulares.


Hoy quiero reflexionar sobre algo que me ha ayudado mucho en mi propia vida, una verdad que he encontrado una y otra vez al abrir la Biblia: hay una predilección especial en el corazón de Dios por los humildes.


La contracultura del Reino de Dios


Vivimos en una cultura que celebra la autosuficiencia. Nos dicen: "Levántate por tu cuenta", "Muestra de qué estás hecho", o "No dejes que nada te detenga". Y, aunque la perseverancia es una virtud, hay un punto en el que el esfuerzo propio se convierte en una carga insoportable.


Es precisamente en ese punto donde descubrimos la hermosa paradoja del Evangelio.


Cuando leemos las Escrituras, vemos que Jesús no buscó a los poderosos ni a los que tenían todas las respuestas. Buscó a los pescadores, a los enfermos, a los que sabían que no tenían todo bajo control... Su mensaje era para los que reconocían su necesidad.


La escritura que inspira este post lo dice de la manera más hermosa: "Tú miras a los humildes con predilección, los fortaleces, los levantas y les otorgas la victoria que nace de confiar en Ti."


Esta es una promesa mucho más profunda que la de una vida sin problemas. En realidad, es la garantía de que, cuando reconozco que no puedo por mi misma cuenta, abro una puerta para que Dios opere de una manera que yo nunca podría.


Humildad


Ser humilde no es ser débil. No es hablar con la voz baja o tener una autoestima baja. La humildad, según la perspectiva bíblica, es simplemente realismo espiritual. Es entender quién soy yo y quién es Dios.


Es reconocer que mi fuerza, mi sabiduría y mi capacidad son finitas, pero que estoy conectada a una fuente infinita. Es despertar por la mañana y, en lugar de mirar mi (interminaaaaaable) lista de tareas y pensar "tengo que hacerlo todo", rezar y decir: "Señor, hoy necesito tu fuerza. Confío en Ti".


Cuando vivimos desde esta postura, algo cambia... Porque dejamos de llevar el peso del mundo. Así, el control no es nuestra responsabilidad. La victoria ya fue asegurada por la obra de Jesús y nuestra tarea es caminar en esa confianza. 


También nos volvemos receptivos, porque al dejar de esforzarnos por impresionar, nos abrimos a la guía, al consuelo y a la provisión que Dios nos da a diario.


Entonces, nuestra perspectiva cambia. Sí, los desafíos no desaparecen, pero dejamos de verlos como una prueba de nuestra capacidad y empezamos a verlos como una oportunidad para que la capacidad de Dios se manifieste en nuestras debilidades.


La victoria nace de confiar


La promesa final en esa bella oración es "les otorgas la victoria". Pero no es la victoria del que domina, sino la del que confía. Es la victoria de saber que, aunque el mar se agite, hay un piloto seguro al mando. Sí. Eso es. Es la victoria de encontrar paz en medio de la tormenta y tener esperanza cuando todo parece perdido, de ver la provisión en el momento justo.


Me reafirmo, la victoria no es siempre que las circunstancias se dobleguen a mi voluntad. Es, en realidad, que mi alma encuentre descanso sabiendo que Dios tiene el control.


Mi oración por ti


Si estás leyendo esto y te sientes abrumado, si sientes que el peso de tus propias expectativas te está aplastando, te invito a hacer una pausa... Deja de intentar ser tu propia fuente de fuerza. 


Reconócelo. Eso no es fracaso, ¡no!, es el primer paso hacia la verdadera fortaleza. Mira a tu alma cansada y dile la verdad: no tienes que ser fuerte por tu cuenta.


Confía en que Dios te mira con predilección. Él ve tu humildad, no como una debilidad, sino como un espacio vacío que quiere llenar con Su poder. Y... permítele que te levante. 


Permítele que te dé la victoria que solo nace de confiar en Él.

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Una mirada creyente a lo que vive Venezuela

Hay noticias que una las lee y siente un nudo en el estómago. Lo que está ocurriendo en Venezuela en estos días (la tensión política y la incertidumbre que envuelve a todo el país) no es algo lejano ni ajeno. Detrás de cada titular hay personas reales: familias, ancianos, jóvenes, niños... que solo quieren vivir en paz. Y cuando uno es creyente, no puede evitar preguntarse... ¿cómo miro todo esto desde la fe? ¿Qué me pide el Evangelio ante una realidad tan dolorosa?


No pretendo hacer análisis políticos ni señalar culpables. No es mi lugar, ni creo que sea lo que más necesita ahora mismo el pueblo venezolano (no necesitan que opine quien no está debidamente formado). Lo que sí puedo hacer es compartir una reflexión sencilla, nacida de la fe y del deseo sincero de ser discípula de Jesús en medio de un mundo herido.


La dignidad humana, siempre primero


La Iglesia nos recuerda una y otra vez que la vida humana es sagrada. Que ninguna ideología, ningún poder ni ningún interés justifica poner en riesgo a inocentes. Cuando vemos violencia, represión, ataques o decisiones que pueden desestabilizar aún más a un país ya frágil, el corazón cristiano solo puede decir: este no es el camino.


La violencia nunca trae la paz


Jesús fue muy claro: “Felices los que trabajan por la paz”. No dijo “los que ganan”, ni “los que imponen”, ni tampoco “los que vencen”. Dijo "los que trabajan por la paz". Y trabajar por la paz implica diálogo, escucha, renuncia al odio y búsqueda de caminos que protejan a los más vulnerables. En un momento tan tenso como el que vive Venezuela, esto se vuelve urgente.


Un pueblo que sufre merece nuestra cercanía


A veces, desde fuera, es fácil hablar de “Venezuela” como si fuera un concepto abstracto. Pero Venezuela son personas. Son madres que hoy no saben si podrán salir a comprar comida sin miedo. Son jóvenes que sueñan con un futuro que no esté marcado por la violencia. Son abuelos que rezan por estabilidad. Ese es el pueblo al que estamos llamados a acompañar con nuestra oración y nuestra solidaridad.


Discernir sin caer en bandos


Como católicos, no estamos obligados a alinearnos con ningún bloque político. Lo que sí estamos llamados a hacer es discernir, buscar la verdad con humildad, no dejarnos arrastrar por la propaganda ni por la polarización. Nuestro compromiso es con la justicia, con la paz y con la dignidad humana, no con colores ni siglas.


Una oración


Hoy quiero terminar esta reflexión rezando. Si te sirve, puedes unirte a mí:


Señor, mira al pueblo venezolano, que vive días de angustia y confusión. Derrama tu paz sobre quienes tienen miedo, tu luz sobre quienes toman decisiones, tu consuelo sobre quienes han perdido la esperanza. Que la violencia ceda, que la justicia florezca, y que tu Espíritu inspire caminos de reconciliación. Acompaña a cada familia, cada barrio... cada corazón herido. Te lo pedimos confiando en tu amor que nunca abandona. Amén.

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Tu identidad en Dios

 ¡Hola a todos y feliz año nuevo! 🥳


¿Qué tal? Espero que hayáis comenzado este 2026 con mucha energía y esperanza. La verdad es que yo he estado un poco... desaparecida. Sé que no había escrito una entrada nueva desde el año pasado, y quería explicar por qué.


Estuve totalmente metida en... "obras" por aquí, mejorando el blog. Os seré honesta... todavía no está perfecto y le falta mucho trabajo por delante, pero... ¡va saliendo adelante! Me emociona mucho verlo tomar nueva forma. Y mientras lo iba reorganizando, me di cuenta de algo importante: también me estoy reconstruyendo yo misma, en preparación para todo lo que Dios tiene para este nuevo año.


Y es que, hablando de reconstruirse, no puedo empezar este año sin compartir con vosotros una reflexión que no me da paz desde hace días. Es algo directo, quizás duro para algunos oídos, pero necesario.


Hay una verdad que el Evangelio no deja lugar a equívocos: quien no se entrega, quien no obedece a Dios, termina perdiendo la vida que quería conservar.


A veces pensamos que entregarnos a Dios es perder nuestra libertad, nuestros sueños o nuestra identidad. Nos aferramos a controlar cada aspecto de nuestra vida, como si nuestra supervivencia dependiera únicamente de nosotros. Pero la paradoja del Reino de Dios es todo lo contrario.


Cuando nos aferramos con uñas y dientes a lo que nosotros creemos que es lo mejor, terminamos agotados, ansiosos y, al final, perdiendo lo que realmente importa. Es como querer conservar el agua en los puños cerrados... mientras más apretamos, más se nos escapa.


Jesús no vino a quitarnos una vida genial para darnos una vida aburrida y monótona. Vino a darnos la vida en abundancia (Juan 10:10). Pero esa vida abundante solo se encuentra en el lugar de la entrega total. Dejar ir nuestro "yo" que quiere ser el protagonista para encontrar nuestra verdadera identidad en Él.


Pues eso, que si te sientes un poco perdido o aferrado a un control que no te deja avanzar, te invito a que hagas la prueba. Suelta ese puño cerrado. Entrega esa área de tu vida a Dios que tanto te cuesta soltar. Da miedo, pero no es una derrota, es la mayor victoria que puedes tener.


Aquí dejo este pensamiento, aunque me haya quedado bastante resumido. Y ahora que ya sabéis por dónde anduve, ¡me encantaría saber de vosotros! ¿Cómo van vuestros planes para este año?


Un abrazo grande y que tengáis una bendita semana.

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¿Qué es la Sagrada Familia?

Seguro que cuando leíste el título, tu mente voló directamente a Barcelona, ¿verdad? A esa maravilla de Gaudí que se alza majestuosa y que es una joya de la arquitectura mundial. Pero, aunque la Catedral del Sagrada Familia es increíble, no es de la que quiero hablar hoy.


Quiero hablarte de algo mucho más pequeño, más íntimo, y a la vez, más grande que cualquier edificio, la familia de Nazaret. De esas tres personas que vivieron juntas en una casita sencilla: Jesús, María y José.


A veces, en el día a día, podemos pensar en ellos como perfectos y alejados de nuestra realidad. Pero me gustaría que hoy los vieras con otros ojos, porque la Sagrada Familia es el modelo que nos regaló Dios para entender cómo debe ser el amor en casa. ¿Te animas a descubrirlo conmigo?


Un modelo de vida normal


La belleza de la Sagrada Familia es que su vida no era de cuento de hadas. Seguramente, José se levantaba por la mañana para ir a trabajar como carpintero, y María cuidaba la casa, cocinaba, barría y se ocupaba de que el Niño no se pusiera en peligros. ¿Suena familiar? ¡Claro que sí!


El increíble misterio es que Dios eligió la vida más normal y cotidiana para manifestarse. Jesús no nació en un palacio, sino en un humilde pesebre y creció en un hogar donde se aprendía un oficio, se rezaba juntos y se compartían las comidas. Por eso, la Sagrada Familia nos recuerda que la santidad no es algo lejano solo para monjes... la santidad se cocina a diario, en nuestra propia cocina, con los platos de cada día.


Los ingredientes de su amor


Si analizamos un poquito, vemos que el secreto de su unión eran tres ingredientes sencillos.


El primero, el "sí" de María. Su entrega total a la voluntad de Dios, incluso cuando no la entendía. Nos enseña a confiar, a decir "sí" a la vida y a los planes de Dios, aunque nos den un poco de miedo.


También es ingrediente importante la obediencia de José. Él fue el padre que escuchó a Dios en sueños y protegió a su familia sin dudar. Su obediencia no era de debilidad, sino de amor y responsabilidad. Es el ejemplo del hombre que cuida, que se hace cargo y que pone a su familia en el centro.


Y, por último, la pequeñez de Jesús. El Hijo de Dios, siendo el Creador, se hizo pequeño y dependió por completo de sus padres. Nos enseña humildad y a reconocer que, a veces, necesitamos ser dependientes y dejar que los demás nos ayuden.


¿Por qué nos importa tanto?


La razón por la que la Sagrada Familia es tan importante para nosotros es porque es el reflejo más puro de la Trinidad. Es la comunidad de amor de la que todos venimos y a la que todos aspiramos.


Ver a José cuidando a María y al Niño Jesús nos enseña cómo debe ser el amor en nuestras familias, un amor que se demuestra con hechos, con cuidado, con trabajo y con presencia. Nos recuerda que la familia es un taller donde se aprende a perdonar, a servir y a querer de verdad, con las luces y las sombras del día a día.


Y lo más bonito es que no nos piden que seamos perfectos como ellos. Nos invitan a mirar nuestra propia familia, con sus alegrías y sus complicaciones, y a pedirles ayuda. Podemos pedir a María que nos enseñe a ser más acogedores, a José que nos dé fortaleza para proteger y guiar, y a Jesús que nos enseñe a ser humildes y a servir a los demás desde el amor.


Así que la próxima vez que oigas "Sagrada Familia", no pienses solo en una catedral lejana. Piensa en el hogar de Nazaret, en esa familia humilde que nos enseñó que el amor más grande del universo se esconde en los gestos pequeños de cada día.


¡Que la Virgen, San José y el Niño Jesús te bendigan y protejan siempre en tu hogar!

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Hoy os ha nacido un Salvador

Anoche fue Nochebuena, y la vivimos sin prisas, en familia, como a mí me gusta. Conversación alrededor de la mesa, risas sencillas y ese buen silencio que solo aparece cuando estás donde tienes que estar.


Por la mañana di un paseo especial, acompañada. Salimos temprano, cuando el día aún estaba despertando, y nos encontramos con algo que no vemos habitualmente: una garza, elegante y serena, junto al agua. Me quedé mirándola un buen rato. No hizo falta sacar el móvil ni decir nada... fue uno de esos momentos que se guardan solos. Pensé que, incluso en días tan señalados, Dios sigue hablándonos en lo pequeño, en la creación, si sabemos mirar.


Hoy, día de Navidad, ha sido igual de sencillo. Familia, comida compartida, sobremesa larga y agradecida. Nada extraordinario por fuera, pero muy lleno por dentro. Y desde aquí quiero desearte, de corazón, una muy feliz Navidad.  


Para mí (y creo que para cualquier cristiano) la Navidad es importante por lo que significa de verdad, no por lo que brilla. Celebramos que Dios se hace pequeño, cercano, vulnerable. Celebramos que no se queda lejos, sino que entra en nuestra historia. Como dice el Evangelio: “Hoy os ha nacido un Salvador” (Lc 2,11). No ayer, no en abstracto: hoy, para ti y para mí.


La Navidad ejemplifica que el amor no siempre hace ruido, que la esperanza puede caber en un pesebre y que la luz llega incluso a las noches más oscuras. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). 


¿Y cómo celebrarla como buen católico? No solo con tradiciones externas (que también son bonitas), sino con el corazón dispuesto. Rezando un poco más despacio, agradeciendo lo que tenemos, reconciliándonos si hace falta, acercándonos a los sacramentos, y tratando de amar mejor


Ojalá estos días no se nos queden en la superficie. Ojalá podamos decir, como María, “mi alma glorifica al Señor” (Lc 1,46), incluso en lo cotidiano.


Gracias por estar ahí, por leerme, por compartir este camino de fe. Que el Niño que nace hoy te regale paz, esperanza y una alegría serena que dure todo el año.


Feliz Navidad 🤍

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¿Qué actores de Hollywood son católicos?

Tengo que confesarte que me lo paso pipa investigando y descubriendo que algunas de las figuras que conocemos por sus trabajos tan queridos en el cine ¡son también católicos como tú y como yo!


Me parece divertido ver cómo, detrás de los focos y las alfombras rojas, hay personas que viven su fe (a veces de forma discreta, otras con mucha naturalidad) y que no tienen problema en contarlo en entrevistas o en sus redes.


Así que hoy te traigo una lista de actores de Hollywood que han hablado abiertamente de su fe católica o de su relación con la Iglesia. Y, por supuesto, solo actores: nada de cantantes ni profesionales de otras áreas, que eso lo dejamos para otra entrada.


Mel Gibson


Mel Gibson es probablemente uno de los nombres más conocidos cuando hablamos de católicos en Hollywood. Su fe ha sido parte central de su vida y de su obra, especialmente desde que dirigió La Pasión de Cristo, una película profundamente marcada por sus convicciones religiosas. Aunque a veces ha estado rodeado de polémicas, su identidad católica ha sido siempre pública y evidente.


Mark Wahlberg


Mark Wahlberg ha hablado en numerosas ocasiones de cómo la fe católica ha sido un pilar en su vida, especialmente en su proceso de maduración personal. En entrevistas ha contado que empieza cada día asistiendo a misa y que su fe le ayuda a mantener los pies en la tierra. Además, suele compartir mensajes relacionados con la oración y la vida espiritual en sus redes sociales.


Antonio Banderas


Aunque Antonio Banderas es español, su carrera es bastante hollywoodense, y también aparece en listas de actores con fuertes creencias cristianas. Ha hablado en varias entrevistas sobre su espiritualidad, especialmente después del infarto que sufrió en 2017, un momento que él mismo describió como transformador y que lo acercó más a la fe.


Gary Sinise


Gary Sinise, conocido por Forrest Gump, Apolo 13 y La milla verde, se convirtió al catolicismo en 2010. Desde entonces, su fe ha sido parte importante de su vida pública. Además, está muy implicado en obras de caridad, especialmente en proyectos educativos y de apoyo a veteranos. Su conversión fue algo que él mismo compartió abiertamente, explicando cómo la fe le dio un nuevo sentido a su vida.


Jim Caviezel


Jim Caviezel es inseparable de esta lista. Su interpretación de Jesús en La Pasión de Cristo lo puso en el centro de la conversación sobre actores católicos, y él mismo ha hablado muchas veces de su fe, de su devoción mariana y de cómo su vida espiritual influye en su carrera.


Al Pacino


Puede sorprender, pero Al Pacino también es un actor de Hollywood católico. Aunque no suele hablar mucho de religión, sí ha reconocido en entrevistas su educación católica y su relación con la espiritualidad. Aunque discreto, no ha ocultado esa parte de su vida.


Jennifer Garner


Jennifer Garner, aunque más conocida por su participación en películas de corte cristiano en los últimos años, también ha tenido una relación cercana con la fe católica. En Los milagros del cielo, una película basada en hechos reales, interpretó a una madre profundamente creyente, y durante la promoción habló de cómo la historia la había tocado personalmente. Aunque su práctica religiosa ha tenido altibajos, ella misma ha contado que volvió a la Iglesia gracias a la experiencia de rodar esa película.


Mira Sorvino


Mira Sorvino también ha expresado públicamente su fe. Aunque no siempre ha estado en el centro de Hollywood, su carrera incluye papeles importantes y una vida espiritual que ella misma ha compartido en entrevistas.


Dennis Quaid


Dennis Quaid es otro actor que, en los últimos años, ha participado en varias producciones cristianas y ha hablado abiertamente de su fe. Su testimonio incluye momentos de conversión personal y un regreso consciente a la vida religiosa.


Chris Pratt


Chris Pratt es uno de los actores de Hollywood que más abiertamente habla de su fe cristiana, y en varias entrevistas ha mencionado su cercanía con la Iglesia católica durante su infancia y juventud. Suele compartir mensajes de oración y agradecimiento en eventos públicos y redes sociales, lo que lo ha convertido en una figura muy visible en este ámbito.


Shia LaBeouf


Shia LaBeouf es un caso precioso y reciente. Durante el rodaje de Padre Pío, vivió un proceso espiritual muy profundo que él mismo ha contado en entrevistas. Se acercó al catolicismo a través de la espiritualidad franciscana y que ha hablado de cómo la fe le ayudó en momentos de crisis personal.


David Henrie


David Henrie, conocido por su papel en Los magos de Waverly Place y por varias películas y series en Hollywood, es uno de esos actores jóvenes que hablan de su fe católica con una naturalidad que inspira. Él mismo ha contado en entrevistas que la fe ha sido un pilar en su vida desde pequeño y que, incluso en los momentos más complicados de su carrera, ha intentado mantenerse fiel a sus valores.


Además, suele compartir en redes sociales reflexiones sobre la oración, la familia y la importancia de vivir la fe en el día a día. También ha participado en proyectos de cine con valores cristianos y ha hablado de cómo la paternidad lo ha acercado aún más a Dios. Me encanta porque es de esos testimonios que muestran que la fe no está reñida con la juventud ni con el mundo del espectáculo.


Y... ha visitado mi ciudad, ¡Santiago de Compostela!


El actor David Henrie visitando Santiago de Compostela, vestido como los peregrinos



Para cerrar…


Me encanta descubrir que, detrás de personajes que nos han hecho reír y llorar en la gran pantalla, hay personas que también buscan a Dios, que encuentran consuelo en la oración o que simplemente viven su fe con naturalidad.


Sí, la gracia actúa en todas partes, incluso en un lugar tan peculiar como Hollywood.

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Solo Dios puede salvarnos

Necesito abrir mi corazón en esta entrada.


Yo busqué respuestas en el mundo y me sentí vacía


Durante años, mi vida giró alrededor de metas, logros y soluciones humanas. En los estudios, en mis relaciones, en mis objetivos (y en muchas más cosas), intentaba encontrar seguridad en mi inteligencia, en mi esfuerzo o en la aprobación de los demás.


Cada vez que lograba algo, la satisfacción duraba poco y, al final del día, volvía a sentir ese vacío que me hacía pensar "¿hay algo más?"


En medio de esa búsqueda, me golpeó la frase “Sólo Dios puede salvarnos.” Al principio la leí como un cliché, peeeero... algo en mi interior me impulsó a profundizar (y esa frase acabó cambiando mi vida por completo, a mejor).


El encuentro que cambió mi perspectiva


Una tarde, cansada y desanimada, me senté a abrir la Biblia. Mis ojos se detuvieron en Juan 14:6: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”


En ese momento comprendí que la salvación no es un plan que podemos armar con nuestras propias estrategias. Es una obra total de Jesucristo, quien tomó sobre sí mismo el peso del pecado y nos abrió la puerta a una relación viva con el Padre.


No fue un instante de sentimiento pasajero. No. Fue realmente un reconocimiento profundo: mi alma necesitaba a Dios, no a mis logros. Fue entonces cuando, con humildad, le dije: “Señor, reconozco que soy pecadora, que no puedo salvarme por mí misma. Necesito tu gracia. Ven a mi vida y úsame.”


Y la paz que sobrepasó todo entendimiento, que la propia Escritura describe en Filipenses 4:7, se instaló en mi corazón.


¿Por qué solo Dios puede salvarnos?


La naturaleza del pecado


El pecado es una separación espiritual que solo el Cordero sin mancha puede reparar. En Romanos 3:23 leemos: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”


Nadie, por su propio esfuerzo, puede eliminar esa barrera. Solo el sacrificio de Cristo en la cruz paga esa deuda.


La gracia que excede nuestras obras


Efesios 2:8-9 declara: “Porque por gracia sois salvos mediante la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”


La salvación es un don, no una recompensa. Cuando la buscamos en nuestras obras, siempre nos quedaremos cortos, la gracia de Dios lo cubre todo.


La vida transformadora del Espíritu


Una vez que aceptas a Cristo, el Espíritu Santo comienza a obrar en ti, guiándote, consolidándote y capacitándote para vivir conforme a la voluntad de Dios (Juan 16:13). Es un renacer interior que solo Él puede producir.


¿Qué significa esto?


Que no hay vergüenza en admitir que, por ti mismo, no puedes alcanzar la plenitud. Esa humildad abre la puerta a la intervención divina.


Sí, la salvación es un regalo que recibes al confiar en Jesús como tu Señor y Salvador (Juan 1:12).


Una vez eres consciente de esto, tu trabajo debe ser permanecer en comunión. La relación con Dios se nutre en la oración, la lectura de la Palabra y la comunidad de creyentes. Diariamente.


Si en este momento sientes que algo falta, o que la vida te pesa, te invito a que, ahora mismo, repitas conmigo: “Jesús, reconozco que sólo tú puedes salvarme. Ven a mi corazón y hazte dueño de mi vida.”


Si lo haces con sinceridad, la promesa de Juan 10:9 es segura: “Yo soy la puerta; el que entre por mí será salvo.”


Una vida renacida


Desde que dejo mi salvación en manos de Cristo, mi perspectiva ha cambiado por completo. Las metas que antes dominaban mi existencia ahora son instrumentos para glorificar a Dios. Mis relaciones están marcadas por el amor incondicional que recibí del Padre. Y, sobre todo, la paz interior que antes parecía inalcanzable ahora es mi compañera constante, aun en medio de las tormentas.


Quiero que sepas que no estás solo en este camino. La familia de creyentes está dispuesta a acompañarte, rezar por ti y sostenerte. Si deseas conversar, compartir tus dudas o simplemente recibir oración, escríbeme. Estoy aquí, porque Dios me ha llamado a ser testimonio vivo de que solo Él puede salvarnos.


Oración


Padre Celestial, reconozco que soy insuficiente y que solo en Ti, a través de Tu Hijo Jesús, puedo encontrar salvación. Te pido humildemente que vengas a mi vida, que me perdones y que me hagas una nueva creación. Llena mi corazón con tu Espíritu Santo, y guíame cada día en tu verdad. Gracias por tu amor inagotable. En el nombre de Jesús, amén.


Si acabas de rezar, celebra este nuevo comienzo. Dios ha comenzado una obra maravillosa en ti, y solo Él tiene el poder de llevarla a buen término.

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Las cartas de amenaza que Ezequías dejó en manos de Dios

Hoy me he propuesto seguir intentando desgranar 1 y 2 Reyes lo mejor posible. Y qué mejor que este día, que hace viento y está cayendo muchísima lluvia, mientras estoy refugiadita en casa, con una taza calentita a mano (de té blanco) y la Biblia al lado, para ir descubriendo más y más de todos los tesoros que contiene.


Pues quiero contarte la historia de Ezequías. Quizá nunca hayas oído hablar de él, y eso está bien, porque vamos a conocerlo juntos desde cero. 


Ezequías fue rey de Judá, y su historia está en un momento clave de la Biblia. Un tiempo en el que el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos (como ya dije en más entradas, Israel al norte y Judá al sur) y en el que la idolatría y el alejamiento de Dios eran tristemente comunes.


Cuando Ezequías subió al trono, heredó un reino que espiritualmente estaba por los suelos. Su propio padre, el rey Acaz, había sido un hombre que se apartó completamente del Señor, incluso cerrando las puertas del templo y llenando Jerusalén de altares dedicados a dioses falsos. La situación, humanamente hablando, era desoladora.


Pero aquí está lo increíble. Ezequías decidió nadar contracorriente. Desde el primer año de su reinado, abrió de nuevo el templo, lo limpió, y llamó a los sacerdotes y levitas para que se consagraran y restablecieran el culto verdadero al Señor. No se conformó con arreglar un poco las cosas... restauró las fiestas, animó al pueblo a confiar en Dios y destruyó los lugares de idolatría, incluso la serpiente de bronce que Moisés había hecho siglos antes, porque la gente la estaba adorando como si fuera un dios. ¡Imagina el valor que eso requería!


Pero la historia de Ezequías no es solo la de un reformador espiritual. También es la de un hombre que enfrentó amenazas enormes. El imperio asirio, el más temible de la época, se acercaba con sus ejércitos imparables. Cuando el rey Senaquerib invadió Judá y comenzó a intimidar con mensajes llenos de arrogancia contra Dios, Ezequías hizo algo que me encanta. En lugar de derrumbarse, fue al templo, extendió las cartas de amenaza delante del Señor y oró pidiendo ayuda. No fue una oración bonita y decorada, fue un clamor sincero, reconociendo que solo Dios podía salvarlos.


Y Dios respondió. Envió a través del profeta Isaías un mensaje claro. Asiria no conquistaría Jerusalén. Y así fue. De una manera milagrosa, el ejército enemigo fue derrotado sin que Ezequías tuviera que levantar una espada.


La vida de Ezequías también tuvo momentos difíciles a nivel personal. En un momento, enfermó gravemente y Dios le anunció que iba a morir. Su reacción fue llorar y orar con todo el corazón… y el Señor le dio 15 años más de vida. Sin embargo, en esos años extra también cometió errores, como mostrar todas las riquezas de su reino a unos embajadores babilonios, algo que más tarde traería consecuencias.


Bueno, pues cuando leo sobre Ezequías, me quedo con su fe valiente y su decisión de buscar a Dios en primer lugar, incluso cuando todo alrededor parecía perdido. No fue perfecto, pero su confianza en el Señor cambió la historia de su pueblo.


Sí... En días como este, con el viento golpeando las ventanas y la lluvia cayendo sin parar, me gusta pensar que a veces nuestras vidas también atraviesan tormentas. Y que, como Ezequías, podemos extender nuestras preocupaciones delante de Dios, confiando en que Él escucha y que su mano es más fuerte que cualquier enemigo.


Un abrazo fuerte. ¡Espero que estés teniendo un buen día!

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Eliseo

Ayer te conté la historia de Elías, el profeta tan valiente que se enfrentó a reyes y falsos dioses sin temblarle la voz. Pues bien, hoy quiero presentarte a su sucesor, por llamarlo de alguna manera, Eliseo. 


Eliseo aparece en la Biblia como un hombre común al que Dios llama para algo extraordinario. La primera vez que lo vemos está arando el campo, trabajando con sus bueyes, cuando Elías pasa y le echa su manto encima. Ese gesto era como decirle “Dios te ha elegido para seguir mi misión”. Y lo más impresionante es que Eliseo deja todo en ese momento, despide a su familia, sacrifica sus bueyes y se va tras Elías. Me encanta este detalle porque habla de entrega total, sin medias tintas.


Durante un tiempo, Eliseo acompaña a Elías, aprendiendo de él y sirviéndole. Hasta que llega el momento en que Dios decide llevarse a Elías al cielo. Ese día es muy especial. Eliseo sabe que su maestro se va, y le pide a Dios recibir “una doble porción” del espíritu de Elías. No es que quisiera ser mejor que él, sino que sabía que la misión era grande y necesitaba mucha fuerza. Y Dios se la concede. Elías es llevado al cielo en un carro de fuego (¡ohhh, qué imagen tan impresionante!) y desde entonces Eliseo asume el papel de profeta en Israel.


Y aquí empieza lo más fascinante. Eliseo es protagonista de una cantidad increíble de milagros y señales. Multiplicó aceite para que una viuda pudiera pagar sus deudas y vivir con sus hijos, purificó aguas contaminadas para que un pueblo pudiera beber, devolvió la vida al hijo de una mujer sunamita que lo había hospedado, y hasta hizo flotar un hacha en el agua (el hierro no flota).


También ayudó a un general extranjero llamado Naamán, que sufría de lepra. Naamán esperaba un acto espectacular, pero Eliseo solo le dijo que se bañara siete veces en el río Jordán. Al principio, el hombre se ofendió, pero cuando finalmente obedeció, fue sanado por completo. Esta historia me encanta porque me recuerda que Dios a veces obra a través de cosas simples, y que la obediencia abre la puerta a los milagros.


Eliseo no solo hizo señales poderosas, también fue un consejero para reyes y un hombre de profunda compasión. Vivió en una época difícil, con guerras y mucha idolatría, pero siempre se mantuvo fiel a Dios y dispuesto a servir. Incluso después de su muerte, la Biblia cuenta que un hombre fue resucitado al tocar sus huesos. Eso me deja sin palabras: ¡su vida estuvo tan llena de la presencia de Dios que hasta sus restos fueron usados para dar vida!


Cuando pienso en Eliseo, me quedo con esta idea... Dios puede usar a cualquiera que esté dispuesto a dejarlo todo por Él. No importa si tu vida parece ordinaria, cuando Dios llama, lo extraordinario puede empezar en cualquier momento.


Y tú, ¿te imaginas qué podría hacer Dios contigo si le dices un “sí” tan decidido como el de Eliseo?

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Todo sobre el profeta Elías

Hace un poquillo, compartí con vosotros un resumen de los libros de 1 y 2 Reyes, donde vimos la historia de los reinos de Israel y Judá, con sus luces y sombras. Pero ahora, tengo muchísimas ganas de hablaros de uno de los personajes más fascinantes de la Biblia: el profeta Elías.


Si no sabes quién es o solo has oído su nombre de pasada, ¡no te preocupes! Voy a contarte todo, desde el principio. Porque su vida es una aventura increíble llena de milagros, desafíos y un encuentro íntimo con Dios que nos enseña muchísimo hasta el día de hoy.


¿Quién era Elías?


Elías (que significa “Mi Dios es Yahvé”) aparece de repente en 1 Reyes 17, sin presentación previa. Nada de genealogías ni datos sobre su infancia. La Biblia simplemente lo introduce como un hombre enviado por Dios en un momento crítico: cuando el rey Acab y su esposa Jezabel estaban llevando a Israel a la idolatría, adorando a Baal (un dios falso).


Imaginaos la situación... el pueblo de Dios, que había sido testigo de Su poder, ahora seguía a un rey que adoraba ídolos y perseguía a los verdaderos profetas. Pero Dios nunca se queda sin voz, y Elías fue esa voz.


Lo primero que hace Elías es presentarse ante el rey Acab y anunciarle, en nombre de Dios: "¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo, que no habrá rocío ni lluvia en estos años, sino por mi palabra!" (1 Reyes 17:1)


¡Vaya declaración! Elías desafía al rey y, además, anuncia una sequía terrible que solo terminará cuando Dios lo diga. Y así fue: no llovió durante tres años y medio.


Pero ¿qué hace Dios con Elías? No lo deja solo. Lo envía a refugiarse junto a un arroyo donde los cuervos le llevan pan y carne (sí, ¡cuervos milagrosos!), y luego a la casa de una viuda pobre en Sarepta, donde multiplica su harina y aceite para que nunca se acaben.


El enfrentamiento en el Monte Carmelo


Después de tres años, Dios le dice a Elías que vuelva donde Acab. Allí, el profeta desafía a 450 profetas de Baal en un duelo: ¿Quién es el verdadero Dios?


El reto fue así... cada grupo prepararía un sacrificio, pero no le pondrían fuego. El Dios que contestara con fuego sería el verdadero.


Los profetas de Baal gritaron, danzaron y hasta se hirieron, pero… nada pasó. Entonces Elías, después de empapar su altar con agua (¡hasta tres veces!), reza simplemente: "Respóndeme, Señor, para que este pueblo sepa que tú, oh Señor, eres Dios." (1 Reyes 18:37)


Y ¡bajó fuego del cielo! El pueblo cayó de rodillas, reconociendo a Dios, y los falsos profetas fueron derrotados.


La depresión de Elías… y el susurro de Dios


Después de esta gran victoria, Jezabel amenaza de muerte a Elías, y él huye al desierto, desanimado. Llega a decir: "Señor, ¡déjame morir!" Pero Dios no lo abandona.


Primero lo alimenta con pan y agua, y luego lo lleva al Monte Horeb. Allí, Dios no se manifiesta en un terremoto o fuego, sino en un suave susurro, recordándole que Él está en lo pequeño, en lo íntimo, no solo en lo espectacular.


El final (¿o no?) de su historia


Elías sigue profetizando, ungiendo a su sucesor (Eliseo) y, finalmente… ¡es llevado al cielo en un carro de fuego! (2 Reyes 2:11). Es uno de los pocos personajes bíblicos que no muere, sino que es arrebatado por Dios en un momento glorioso.


Pero su historia no termina allí. Aparece siglos después junto a Moisés en el Monte de la Transfiguración (Mateo 17), hablando con Jesús. ¡Dios lo siguió usando más allá del tiempo!


¿Qué nos enseña Elías?


Yo creo que:

-Dios usa a gente común (como un profeta que incluso tuvo miedo).


-La obediencia trae milagros, aunque parezca imposible.


-Dios habla en lo silencioso, no solo en lo grandioso.


-Nunca estamos solos, aunque el mundo parezca estar en nuestra contra.


Me encantaría saber ¿qué es lo que más te impacta de Elías? ¿Su valentía, sus milagros, o... su momento de debilidad?


Gracias por leerme, y ¡hasta la próxima entrada, donde seguiremos descubriendo juntos las maravillas de la Biblia. 


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¿De qué va 2 Reyes?

Si estás leyendo esto, seguramente ya viste mi entrada anterior donde te conté qué pasa en el libro de 1 Reyes. Si no la leíste, no te preocupes, hoy no voy a asumir que ya sabes todo. Solo recuerda que en ese libro seguíamos la historia del reino de Israel después de la muerte de David, con Salomón construyendo el templo, la división del reino en dos (Israel al norte y Judá al sur), y el surgimiento del profeta Elías, que era como una figura espiritual de esas que te dejan con la boca abierta.


Pues bien, hoy vamos con lo que sigue: 2 Reyes. Y digo lo que sigue porque, en realidad, 1 y 2 Reyes no eran dos libros separados originalmente. Son como dos capítulos de una misma historia gigante que empieza con David y termina con el pueblo de Dios en el exilio. Así que si 1 Reyes era como la primera temporada de una serie, 2 Reyes es la segunda... con más drama, más profetas, más reyes malos, y también algunos que, contra todo pronóstico, decidieron hacer lo correcto delante de Dios.


El cierre del ministerio de Elías y el comienzo de Eliseo


La historia de 2 Reyes arranca justo donde terminó la anterior. El profeta Elías, ese hombre valiente que enfrentó a los profetas de Baal en el monte Carmelo, está a punto de dejar su ministerio… de una manera muy especial. En vez de morir, ¡es arrebatado al cielo en un torbellino con un carro de fuego! (sí, muy de película). Y antes de irse, le dice algo a su discípulo, Eliseo: “Pide lo que quieras que te haga antes de que yo sea quitado de ti”.


Y Eliseo le pide algo tremendo: “Quiero que recaiga sobre mí el doble de tu espíritu”. ¡Pidió el doble de la unción que tenía Elías! Y Dios lo concede. Entonces, cuando Eliseo cruza el río Jordán con el manto de Elías, el agua se aparta… Y en ese momento, todos entienden, Eliseo es ahora el nuevo profeta principal en Israel.


Eliseo sigue el ministerio de Elías, pero con un enfoque más cercano, como más humano. Hace milagros como sanar a un hombre de lepra (Naamán, un general sirio), multiplicar el aceite de una viuda, resucitar a un niño… cosas que te dejan pensando... Dios sigue actuando, incluso en medio de la oscuridad.


Un reino cada vez más oscuro


Mientras Eliseo va haciendo milagros, en los reinos de Israel (el norte) y Judá (el sur), las cosas van de mal en peor. En el norte, los reyes son casi todos malos, adoran a ídolos, construyen altares falsos… y Dios no deja de enviar profetas para advertirlos. Pero pocos escuchan.


En Judá, a veces hay un rey que intenta hacer lo correcto, como Jehosafat, Jehoás o, más adelante, Ezequías. De hecho, Ezequías es uno de mis favoritos. Este rey decidió limpiar el templo, restaurar la adoración verdadera y confiar en Dios cuando el ejército asirio, uno de los más temidos de la historia, fue a atacar a Jerusalén.


Dios envió al ángel del Señor, que mató a 185.000 soldados en una sola noche. Sí, leíste bien, 185.000. Y el ejército enemigo huyó sin luchar. Una señal clara de que con Dios, todo es posible, aunque las circunstancias digan lo contrario.


La caída de Israel… y después la de Judá


Pero no todo es esperanza. En el año 722 a.C., el reino de Israel (el norte) es conquistado por Asiria. La gente es llevada en exilio, mezclada con otros pueblos, y prácticamente desaparece del mapa. Este es un punto clave: Dios había advertido una y otra vez, a través de profetas como Amós, Oseas y Eliseo, que si no se apartaban de la idolatría, tendrían consecuencias. Y así fue.


El reino de Judá sigue un tiempo más, pero también comete los mismos errores. Hay reyes que queman a sus hijos como ofrenda a dioses falsos (como hizo el rey Ahaz o Manasés, ¡una locura total!), otros que se alían con naciones paganas en vez de confiar en Dios…


Hasta que llega Nabucodonosor, rey de Babilonia, que destruye Jerusalén en el año 586 a.C. Incendia el templo (el mismo que Salomón construyó con tanto esplendor), destruye las murallas, y se lleva al pueblo a Babilonia.


¿Te das cuenta del peso de esto? El templo, que era el lugar donde Dios había decidido habitar entre su pueblo, ¡era ahora un montón de escombros! Y el pueblo de Dios, elegido, liberado de Egipto, guiado por Moisés… está viviendo en tierra extranjera, lejos de su hogar.


¿Por qué pasó todo esto?


Aquí es donde el libro nos da una clave importantísima... no fue un accidente. No fue porque Dios no los protegía. Fue porque, una y otra vez, el pueblo eligió a otros dioses, se creyó autosuficiente, ignoró las advertencias, y trató a los pobres y justos con injusticia.


Los profetas no eran unos pesimistas... eran mensajeros de amor. Decían: “Vuelvan a Dios. Hay tiempo todavía”. Pero muchos no escucharon.


¿Y hay esperanza?


Sí, y aunque el libro termina con el pueblo en exilio, hay una pequeña chispa de luz al final. En el último capítulo, el rey de Babilonia (Evil-Merodac) libera del encierro a Joacim, el rey de Judá, y lo trata con bondad. Le da ropa nueva y lo invita a comer en su mesa todos los días.


¿Te suena simbólico? Porque a mí sí. Es como decir que, aunque todo se derrumbó, Dios no ha terminado con su pueblo. Hay un futuro. Hay restauración. De hecho, esto nos lleva directo a los libros siguientes, como Esdras y Nehemías, donde veremos cómo, años después, el pueblo regresa a su tierra y reconstruye el templo.


¿Qué aprendemos de 2 Reyes?


Yo misma saco estas valiosas lecciones:


-Dios es fiel, pero no tolera la idolatría. Él quiere todo nuestro corazón, no un poquito.


-Los profetas son importantes. No eran adivinos, sino voceros de Dios. Hablaban verdad, aunque fuera incómoda.


-Los milagros siguen pasando. Como con Eliseo, Dios sigue actuando en lo cotidiano: sanando, sustentando, librando.


-Las decisiones tienen consecuencias. Los reyes marcaron el rumbo de todo un pueblo. Y nuestras decisiones personales también afectan a los que nos rodean.


Nunca es demasiado tarde para volver. Aunque Judá terminó en exilio, Dios no los abandonó. Y a ti tampoco te ha abandonado.


Para terminar… leer 2 Reyes puede parecer intenso. Mucho rey, mucho ejército, muchas guerras. Pero, en el fondo, es una historia de amor y fidelidad. Dios no dejó de amar a su pueblo, a pesar de todo. Y hoy sigue igual: Dios sigue esperando que volvamos a Él con el corazón sincero.


Así que si hay algo en tu vida que necesitas sanar, cambiar, entregar… no esperes a que todo se derrumbe. Hoy es el día para decir: “Señor, quiero volver a Ti”.

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Diseños cristianos para colorear en Navidad 🎄✝️

Quiero compartir contigo algo muy sencillo pero hecho con mucho cariño. Son unos diseños para colorear con motivo de la Navidad. No son perfectos, ya te aviso, porque no soy diseñadora gráfica. He hecho lo que he podido, y en parte me he ayudado de inteligencia artificial para darles forma. Pero creo que lo importante no es la perfección, sino la intención... que al colorear podamos meditar, relajarnos y sentir más cerca la llegada de Jesús.


Me imagino a cada uno de nosotros con lápices de colores, rotuladores o acuarelas, dedicando un ratito tranquilo a dar vida a estas imágenes. Es... un gesto que puede convertirse en oración.


Quiero aclarar algo, entre los dibujos hay uno en el que sale la imagen de Papá Noel. Sé que es una figura más comercial y menos cristiana que el Belén, pero salió un diseño bonito y divertido de colorear, y pensé que podía aportar un toque simpático. Espero que no te moleste esa mezcla.


También intenté hacer una versión con una cruz cristiana… y el resultado fue bastante gracioso... una galleta navideña con forma de cruz latina. Al final decidí incluir ese dibujo también, porque me parece que reírnos juntos también es parte de la Navidad.


Así que aquí están mis diseños, imperfectos pero llenos de intención. Ojalá que al colorearlos encuentres un momento de paz, de oración sencilla y, sobre todo, de alegría por la llegada del Niño Jesús.


Página para colorear cristiana de la escena del pesebre navideño con bebé Jesús, María y José


Página para colorear de una familia cristiana paseando por Madrid en Navidad


Página para colorear de una familia cristiana celebrando la Navidad


Página para colorear de decoraciones cristianas de Navidad


Página para colorear de un ángel con regalos de Navidad


Página para colorear de una familia celebrando la Navidad en New York


Página para colorear de una familia cocinando galletas en Navidad


Página para colorear con detalles navideños e invernales


Página para colorear de galletas de Navidad


Página para colorear de galletas de Navidad con una cruz cristiana




Más juegos y dibujos cristianos


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 mucho cariño:

 






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Cuando un rey pidió partir un bebé por la mitad

Al leer por primera vez la historia del rey Salomón y las dos madres (1 Reyes 3:16–28), confieso que me quedé en silencio. Es un relato fuerte, incluso incómodo, porque toca uno de los vínculos más profundos que existen, el amor de una madre por su hijo. 


Pero también es una historia que revela algo precioso sobre la sabiduría de Dios y la manera en que Él mira nuestros corazones.


Para resumirlo con mis propias palabras, dos mujeres se presentan ante el rey Salomón, ambas afirmando que un mismo bebé es suyo. No hay testigos, no hay pruebas... ni fotos, ni mucho menos pruebas de ADN... Solo palabras. 


¿Cómo puede alguien saber la verdad en una situación así? Salomón, guiado por la sabiduría que Dios le había dado, propone algo impensable, dividir al niño en dos. 


Y allí queda al descubierto lo que ni gritos ni argumentos podían revelar. Una de las mujeres prefiere perder al niño antes que verlo morir. Y Salomón, con esa sola reacción, reconoce quién es la verdadera madre.


Cada vez que releo esta historia, me pregunto... ¿qué estaba revelando Dios en ese momento? ¿Qué puede enseñarme hoy a mí, tantos siglos después?


Aquí te comparto lo que he aprendido:


-Dios ve lo que nosotros no podemos ver


En nuestros conflictos, muchas veces solo vemos las apariencias. Escuchamos argumentos, versiones, historias… pero Dios ve el corazón. Él no se queda en lo superficial. Nada de lo que sentimos, callamos o escondemos pasa desapercibido para Él.


-El verdadero amor se reconoce por su sacrificio


Esa mujer mostró el amor más profundo al estar dispuesta a renunciar a lo que más quería con tal de proteger la vida de su hijo. Y allí entiendo algo que me confronta, el verdadero amor siempre se nota cuando estamos dispuestos a ceder, a soltar, a renunciar a tener la razón, para hacer lo correcto.


-La sabiduría de Dios sorprende


Salomón no actuó con lógica humana. Nadie esperaría una solución así. Pero la sabiduría de Dios no siempre sigue nuestros esquemas, muchas veces nos descoloca. Y aun así, funciona. Me recuerda que, cuando pido sabiduría, debo estar preparada para que la respuesta sea diferente a lo que imaginaba.


-La verdad siempre termina saliendo a la luz


Por más confusa que parezca una situación, Dios tiene maneras de revelar la verdad. Y esto me da descanso. No tengo que luchar desesperadamente por demostrar quién soy o lo que siento. Dios se encarga.


Pues, bueno, esta historia me anima a pedir la sabiduría que Salomón pidió. Una sabiduría que no es solo inteligencia, sino sensibilidad para ver el corazón de las personas, para distinguir el amor verdadero y para actuar con justicia aunque nadie más entienda.


Y me recuerda que Dios también puede traer claridad a mis propios casos difíciles, esos momentos en los que no sé qué hacer, qué decidir o cómo actuar. Él sigue siendo el mismo Dios que guía, ilumina y revela.


Ojalá esta reflexión te haya acompañado hoy como me acompañó a mí al escribirla.


Un abrazo, y que Dios te dé sabiduría en todo lo que vivas.

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Lo que aprendí al leer 1 Reyes

Hoy quiero contarte sobre un libro de la Biblia que, si no lo has leído antes, puede parecerte un poco complicado, 1 Reyes. Pero no te preocupes, yo tampoco entendía mucho al principio. Así que vamos a caminar por este libro intentando explicarlo lo mejor posible.


Imagínate que hasta este punto de la Biblia, Israel (el pueblo de Dios) ha vivido como una sola nación unida, con reyes que la lideran. Primero fue Saúl, luego David (¡el que se enfrentó a Goliat!), y ahora, en 1 Reyes, llegamos al reinado de Salomón, el hijo de David.


El sabio Salomón (y su templo)


El libro empieza con Salomón convirtiéndose en rey. Y Dios, ¡qué bueno es!, se le aparece en un sueño y le dice: “Pídeme lo que quieras”. Muchos pedirían riquezas, poder… ¡pero Salomón pide sabiduría para gobernar bien. ¡Me encanta esa respuesta! Dios se alegra tanto que, además de darle sabiduría, le concede también riquezas y honra.


Con esa sabiduría, Salomón toma decisiones sabias (como en aquel famoso caso de las dos mujeres que decían ser madres del mismo bebé). Pero su obra más grande es construir el Templo de Dios en Jerusalén. No el tabernáculo que viajaba por el desierto, sino un templo permanente, magnífico, hecho con madera, oro y piedras preciosas. Y cuando lo termina, Dios muestra su presencia, una nube llena el lugar, señal de que Él acepta ese templo como su casa.


Pero… 


A pesar de toda esa sabiduría, con el tiempo, Salomón se aleja de Dios. Cae en la trampa de acumular muchas esposas (¡más de 700 mujeres y 300 concubinas!) y muchas de ellas adoran a otros dioses. Él mismo termina construyendo altares para esos dioses falsos. ¡Qué tristeza! Dios le había advertido sobre eso, pero Salomón no escuchó.


Entonces Dios dice: “Como no has sido fiel a mí, el reino se dividirá después de tu muerte”.


La división del reino


Y así sucede. Cuando Salomón muere, su hijo Roboam asume el trono. Pero comete un error gigantesco. Los israelitas le piden que aligere los impuestos y el trabajo forzado que su padre había impuesto, y Roboam, en lugar de escucharlos, les dice: “¡Mi meñique será más pesado que la cintura de mi padre!”.


¡Boom! El pueblo se rebela y el reino se divide en dos:


-El reino del norte: Israel, con 10 tribus, y capital en Samaria.


-El reino del sur: Judá, con las tribus de Judá y Benjamín, y capital en Jerusalén.


Y a partir de aquí, la historia se complica. Muuuuuuuucho.


Elías, el profeta 


Es aquí cuando aparece otro de mis personajes favoritos de la Biblia, el profeta Elías. Imagínate a un hombre con pelo largo, vestido con un manto de pelo y un cinturón de cuero, hablando fuerte y claro en nombre de Dios.


Elías llega en un momento en que el reino del norte, bajo el rey Acab y su esposa Jezabel, está lleno de idolatría. Adoran a Baal, un falso dios, y han olvidado completamente a Yahvé, el Dios verdadero.


Entonces Elías llega y dice: “¡Mientras no adoremos a Dios, no habrá lluvia en esta tierra!”. Y así es, durante tres años, no cae una gota de lluvia. Madre mía. Yo que soy de un sitio lluvioso, no me puedo imaginar eso. Tres años sin llover. La sequía es terrible.


Pero el momento más intenso es cuando Elías desafía a los 450 profetas de Baal a un “duelo espiritual” en el monte Carmelo. El que haga llover con fuego del cielo, ¡ese es el Dios verdadero! Los de Baal gritan, bailan, se cortan… pero nada. Luego Elías reza simplemente: “Señor, escúchame… para que este pueblo sepa que tú eres Dios”. En ese momento… ¡fuego del cielo cae y consume el sacrificio, el agua, todo! El pueblo grita: “¡El Señor es Dios!”.


¡Qué momento!


Después de todo eso, Elías se siente solo, cansado, como si hubiera fracasado. Huye al desierto y se refugia en una cueva. Allí, Dios le habla… pero no con truenos ni fuego (aunque eso impresiona). Dios se manifiesta en “una voz apacible y delicada” (como un susurrito suave). Me encanta eso. A veces pensamos que Dios solo habla con señales grandes, pero muchas veces Él viene en lo pequeño, en lo íntimo, en el silencio del corazón.


Y luego… Eliseo


Al final del libro, Elías es arrebatado al cielo en un carro de fuego (¡sí, así como suena!). Y su discípulo, Eliseo, recibe su manto (su espíritu) y continúa su obra. Hace milagros, purifica aguas, multiplica aceite, resucita a un niño… y hasta cura a Naamán, un general sirio, de la lepra.


¿Y todo esto para qué?


Cuando leo 1 Reyes, veo un patrón claro. Cuando el pueblo y los reyes confían en Dios, hay bendición. Cuando se alejan de Él por ambición, poder o comodidad, vienen las consecuencias.


Es un libro de contrastes. El esplendor del templo y la locura de la idolatría. La sabiduría de Salomón y su caída. El fuego del cielo y la voz suave en la cueva. Me recuerda que Dios es fiel, aunque nosotros no lo seamos.


También me enseña que Dios no necesita multitudes para actuar. A veces, como con Elías, es un profeta solo. Dios usa a quienes confían en Él, sin importar su tamaño, su historia o su posición.


Para reflexionar... ¿A qué “Baales” adoramos hoy? ¿Dinero? ¿Reconocimiento? ¿Comodidad? ¿Control? ¿Estamos escuchando la voz suave de Dios, o solo esperamos los “fuegos del cielo”?


Y sobre todo... ¿estamos construyendo algo que dure? Como el templo, que era la casa de Dios… pero también como nuestras vidas. ¿Dónde estamos poniendo nuestro corazón?


Espero que esta lectura de 1 Reyes te haya llegado al alma como me llegó a mí. Es un libro que nos muestra que, a pesar de los errores, las divisiones y los fracasos… Dios sigue teniendo un plan. Sigue levantando profetas. Sigue hablando. Sigue salvando.


Si nunca lo habías leído, ábrelo con calma. Toma notas. Habla con Dios mientras lo lees. Y déjate sorprender por cómo Él se revela, a veces en lo inesperado.

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David vs. Goliat

Quiero contarte una de esas historias de la Biblia que parecen de película, pero que en realidad está ahí para enseñarnos algo muy profundo. Seguro que alguna vez has oído la frase “esto es como David contra Goliat”, aunque no sepas muy bien de dónde viene. Pues hoy vamos a viajar, con imaginación, a un campo polvoriento de hace más de 3.000 años para ver qué pasó.


El pueblo de Israel estaba en guerra contra los filisteos. Los ejércitos se miraban desde colinas opuestas, separados por un valle. Y cada día, un gigantón de más de dos metros y medio (Goliat) salía a retarlos. Armadura brillante, vozarrón y mucho ego. Su propuesta era clara, “Mandad a vuestro mejor hombre a luchar contra mí. Si él gana, ganáis todos. Si yo gano, nos servís para siempre”.


El problema era que nadie quería enfrentarse con semejante torre humana. Y no les culpo… yo probablemente me habría escondido detrás de cualquier roca.


David no era soldado. Era un chaval pastor, el menor de varios hermanos, y ese día ni siquiera estaba en el campo de batalla para luchar. Había ido a llevar pan y provisiones a sus hermanos. Pero cuando escuchó los gritos provocadores de Goliat, algo se encendió dentro de él. No soportaba escuchar cómo este hombre se burlaba del Dios de Israel.


Imaginemos... un adolescente, sin armadura, diciéndole al rey que él, y no ninguno de los soldados experimentados, iba a enfrentarse al gigante. El rey Saúl intentó ponerle su armadura, pero aquello le quedaba grande y torpe. Así que David decidió ir tal cual, con su cayado, su bolsa de pastor y cinco piedras lisas que recogió del arroyo. Su arma, una honda.


Goliat se rio en su cara… hasta que David comenzó a girar la honda, soltó una piedra y, de un solo golpe, el gigante cayó al suelo. Silencio total. El ejército filisteo salió corriendo.


Pero… ¿qué nos está diciendo esta historia? Podríamos quedarnos con lo manido, “un pequeño vence a un grande”. Pero esta historia es mucho más que motivación barata. David no confió en sus propias fuerzas, sino en que Dios estaba con él. La clave está en que, frente a problemas que parecen imposibles, no se trata de que tú seas “grande”, sino de quién está a tu lado.


Hoy por hoy, quizá, tu “Goliat” no sea un guerrero de tres metros, sino una deuda, una enfermedad, un miedo o una relación rota. Tal vez lo mires y pienses, “Yo no puedo con esto”. Y sí, quizá no puedas… pero con la ayuda de Dios, incluso lo que parece invencible puede caer.


No subestimes las herramientas que ya tienes ni te compares con lo que “deberías” ser. Dios puede usar tus pequeñas piedras para hacer algo grande. Tu papel es dar el paso con fe, aunque tiemblen las piernas.

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