Código Génesis

Un refugio para el corazón sediento que busca crecer en la presencia de Dios.

2 Crónicas explicado

¡Hola, qué tal! Espero que estés teniendo un domingo maravilloso. Por mi parte, la verdad es que sí, aunque estoy un poco cansada. Me gustaría descansar, pero sobre todo, quiero dedicarle el día a Dios, escucharlo en medio del silencio y la quietud de este día. 


Es un regalo poder parar y simplemente estar con Él.


Y justo en esta atmósfera de descanso y reflexión, me he puesto a pensar en vosotros y en este espacio. Recordarás que en la entrada anterior nos metimos de lleno en el libro de 1 Crónicas. Hablamos de esos largos capítulos de genealogías que, al principio, parecen aburridísimos, pero que nos ayudaron a entender la importancia de nuestras raíces y de la historia de un pueblo. Fue interesante, ¿verdad?


Pero me quedé con la sensación de que no podía dejarlo así. Como si te hubiera contado la primera parte de una película y te dejara en el punto más dramático sin explicar la continuación. Porque, seamos honestos, ¿quién se lee 1 Crónicas y luego no quiere saber qué pasa en 2 Crónicas? 


Así que, ¡aquí estoy! Hoy le toca el turno a la segunda parte de esta historia.


El contexto 


Antes de meternos en harina, hagamos un pequeño repaso. Los libros de Crónicas (1 y 2 Crónicas) son como la historia oficial del pueblo de Israel, pero escrita desde una perspectiva muy específica. Imagínatelo como un archivo nacional espiritual. Su autor (tradicionalmente se atribuye a Esdras o a un escriba cercano a él) recopiló todos los registros, las listas de reyes, las crónicas de los templos y las profecías para contar la historia del pueblo desde un ángulo diferente al de los libros de Reyes.


Mientras que los libros de Reyes se centran más en los eventos políticos y las guerras, Crónicas pone el foco en el corazón del pueblo. El Templo de Jerusalén, el culto a Dios y la línea de David. Es como si el autor quisiera recordar a la gente que, más allá de los reinos y las batallas, su verdadera identidad como nación giraba en torno a su relación con Dios.


2 Crónicas


Si 1 Crónicas era la preparación, 2 Crónicas es el espectáculo principal. Este libro narra la historia de los reyes de Judá desde el reinado de Salomón hasta el exilio en Babilonia. Es un viaje emocionante, muy lleno de altibajos, que nos enseña lecciones increíblemente profundas sobre la fidelidad de Dios y la fragilidad del corazón humano.


Vamos a desglosarlo un poco para que no se nos escape nada.


La gloria de Salomón y la construcción del Templo (Capítulos 1-9)


El libro empieza con Salomón, el hijo de David. Y, ¡vaaaaya manera de empezar! El primer capítulo nos cuenta cómo Dios se le aparece a Salomón en sueños y le pregunta: "¿Qué te puedo dar?" En lugar de pedir riquezas o poder, Salomón pide sabiduría para gobernar a su pueblo. A Dios le encanta esa petición, y no solo le da sabiduría, sino también riquezas y honor que ni siquiera había pedido.


Pero la gran obra de Salomón, y uno de los puntos más importantes de 2 Crónicas, es la construcción del Templo de Jerusalén. El autor dedica once capítulos enteros a describir este proyecto. 


¿Te imaginas? Once capítulos sobre un edificio. Al principio puede parecer excesivo, pero piensa en lo que significa... es el lugar donde la presencia de Dios moraría con su pueblo. Era el centro de su universo espiritual. La descripción detallada de los materiales, los artesanos y la dedicación del templo nos muestra la importancia de honrar a Dios con lo mejor que tenemos. Es una lección sobre la adoración y el compromiso.


Después de la muerte de Salomón, el reino se divide. Y aquí empieza la historia de dos mitades: el reino del norte (Israel) y el reino del sur (Judá). 1 Crónicas se centra casi exclusivamente en Judá, la línea de David, que es la que mantiene la promesa de Dios.


Los reyes de Judá (Capítulos 10-36)


A partir del capítulo 10, entramos en un carrusel de reyes. La lista es larga, y puede ser confusa, pero no te preocupes. El patrón que sigue la historia es muy claro y repetitivo, y cada ciclo nos enseña algo.


Cada rey es juzgado según su fidelidad a Dios. Algunos, como Asa, Josafat o Ezequías, son descritos como reyes buenos porque intentaron seguir a Dios, limpiar el culto de ídolos y confiar en Él.


Los reyes buenos a menudo iniciaban reformas espirituales. Destacan figuras como el rey Asa, que eliminó los ídolos y restauró el altar del Templo, o el rey Josafat, que creó un sistema de enseñanza de la Ley de Dios por todo el país. Son ejemplos de líderes que pusieron a Dios en el centro.


Cada vez que el pueblo o el rey se apartaban de Dios, aparecía una crisis. Guerras, enfermedades o invasiones. Pero cuando un rey humilde se volvía a Dios, Él siempre intervenía y salvaba a su pueblo. El ejemplo más claro es el rey Ezequías, que enfrentó la amenaza del poderoso ejército asirio. En lugar de rendirse, oró a Dios, y la Biblia cuenta que un ángel del Señor destruyó el campamento enemigo. ¡Una victoria increíble!


A pesar de las advertencias de profetas como Isaías, muchos reyes y el pueblo terminaban volviendo a sus viejas costumbres, adorando ídolos y confiando en alianzas políticas en lugar de en Dios.


Este ciclo se repite una y otra vez, mostrándonos la constante gracia de Dios y la constante debilidad humana. Es como ver una relación: a veces somos fieles, a veces nos desviamos, pero Dios siempre está ahí, esperando con los brazos abiertos.


El orgullo de Joacaz y la caída de Jerusalén (Capítulo 36)


Los últimos capítulos nos llevan al final trágico del reino de Judá. El rey Joacaz, especialmente, es un ejemplo de orgullo extremo. Ignora las advertencias de los profetas y se rebela contra Babilonia, la potencia de la época. Como resultado, Dios permite la destrucción de Jerusalén... el Templo es saqueado y quemado, y el pueblo es llevado cautivo a Babilonia.


Pero, ¡espera! No termina en tragedia. El libro cierra con un rayo de esperanza. El último versículo (2 Crónicas 36:23) nos cuenta que Ciro, el rey de Persia, permite que los exiliados regresen a su tierra y reconstruyan el Templo. Es el cierre perfecto. Incluso en el peor de los fracasos, Dios no abandona a su pueblo. Mantiene su promesa y abre una puerta para un nuevo comienzo.


¿Qué nos dice 2 Crónicas hoy?


A primera vista, puede parecer un libro sobre reyes y guerras, sin más. Pero, en mi opinión, sus lecciones siguen siendo actuales. 


2 Crónicas nos enseña, para empezar, que la adoración es central. Como el Templo lo era para ellos, nuestra comunión con Dios debe ser el centro de nuestra vida.


Además, vemos que la fidelidad tiene consecuencias. Cuando confiamos en Dios y le obedecemos, experimentamos su bendición y protección. Cuando nos apartamos, entramos en crisis.


Otra lección que veo, es que Dios es fiel, incluso cuando no lo somos. La historia de Judá es un recordatorio de que nuestros fallos no anulan los planes de Dios. Nunca debemos dejar de recordar que Su gracia es más grande que nuestros errores.


Además, este libro nos muestra muy bien la importancia de la memoria. Recordar lo que Dios ha hecho en el pasado fortalece nuestra fe para el presente.


Pues sí. Te recomiendo que la próxima vez que te sientas un poco perdido o incluso abrumado, abras 2 Crónicas. Es el recordatorio de un amigo fiel que te dice: "He estado contigo antes, y estaré contigo siempre".


Espero que esta pequeña inmersión te haya ayudado a entender mejor este libro tan genial. Y... ¿Con qué rey te quedas? ¿Qué lección te gusta más?


Un abrazo grande y que sigas disfrutando de este domingo. ¡Nos leemos en la próxima!



La imagen muestra una cita de la Biblia: 2 Crónicas 7:14 "Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra."



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1 Crónicas explicado

Últimamente hemos estado charlando sobre temas más generales. ¿Pero sabéis qué? Llevo un runrún en el corazón. Tengo muchas ganas de retomar nuestro viaje por la Biblia y seguir explorando cada rincón de Sus Palabras. Es como si el alma me lo pidiera.


La última vez que nos sumergimos de lleno, estuvimos desgranando 2 Reyes, y fue una experiencia genial, ¿verdad? Vimos la caída de reinos, la fidelidad (y la infidelidad) de reyes y el amor inquebrantable de Dios a pesar de todo el caos


Así que, sin más preámbulos, y siguiendo nuestro orden natural, hoy le toca a... ¡1 Crónicas!


Es un libro que a veces pasamos por alto, que quizá nos parezca un poco denso al principio, pero que os prometo que tiene muchísimo que enseñarnos y que esconde verdaderas joyas. Y no os preocupéis si nunca lo habéis leído o si no sabéis de qué va. ¡Hoy lo vamos a desmenuzar de arriba a abajo!


1 Crónicas: ¿Qué es esto y para quién se escribió?


Imaginad que sois una comunidad que acaba de volver a casa después de un exilio larguísimo en Babilonia. Vuestro templo está destruido, vuestra identidad como pueblo de Dios está un poco borrosa, y os sentís como huérfanos. Necesitáis recordar quiénes sois, de dónde venís, y, sobre todo, que Dios sigue siendo fiel y que tiene un plan para vosotros.


Pues bien, 1 Crónicas fue escrito precisamente para esa gente, para esa generación post-exilio. Y, por supuesto, también para nosotros hoy. Su autor (la tradición judía lo atribuye a Esdras, un sacerdote y escriba) no busca contarnos una historia nueva, sino reinterpretar la historia ya conocida de Israel, desde Adán hasta el final del reinado de David, pero con un enfoque muy particular.


Su propósito principal es doble. Primero, restaurar la identidad y la esperanza. Recordarles que son el linaje escogido por Dios, con una herencia gloriosa y un futuro prometedor. Y, segundo, enfatizar la importancia del templo, el sacerdocio y la adoración. Para que, al reconstruir la nación, el centro fuera Dios y Su culto.


Así que, pensad en este libro como un flashback con un propósito... mirar atrás para impulsarse hacia adelante, con la mirada puesta en Dios.


¿Qué vamos a encontrar en 1 Crónicas? ¡Vamos a ver las partes clave!


No os asustéis, no voy a ir capítulo por capítulo, pero sí por las secciones importantes para que os hagáis una idea clara.


1. Las genealogías (Capítulos 1-9)


Sé lo que estáis pensando, "¡Ay, las listas de nooooooooooombres de la Biblia!" Sí, lo confieso, pueden ser un poco pesadas al principio, y la tentación de saltarlas es grande. Pero no las saltéis a la ligera, por favor. Son como el ADN de la fe de Israel.


¿Qué nos muestran? Nos conectan con Adán, con Noé, con Abraham, con las doce tribus de Israel y, finalmente, con el linaje de David y el sacerdocio.


¿Por qué son importantes? Porque afirman la identidad. Recordaban a esos exiliados que, a pesar de todo, seguían siendo parte de la gran familia de Dios. Les daban raíces. Y no solo eso, también les daban continuidad, porque demuestran que el plan de Dios es continuo y que Su promesa sigue viva a través de las generaciones. Y, además, eran una magnífica preparación para el Mesías, ya que subrayan el linaje de David, que es crucial para la promesa del Mesías.


Un dato curioso... El autor de Crónicas dedica mucho más espacio a las genealogías de Judá (la tribu de David) y a la de Leví (la tribu de los sacerdotes y levitas) que a las demás. ¿Por qué? ¡Exacto! Porque David y el Templo serían los pilares de la restauración.


La próxima vez que veáis una lista de nombres en la Biblia, pensad en ella como un árbol genealógico divino que nos conecta a todos con una historia mucho más grande.


2. La muerte de Saúl (Capítulo 10)


Este capítulo es breve y sirve de puente. Nos narra la trágica muerte del rey Saúl, el primer rey de Israel, en batalla contra los filisteos. Es un recordatorio de las consecuencias de la desobediencia y del rechazo a la voluntad de Dios. Su muerte abre la puerta al reinado de David, el hombre escogido por Dios.


3. El reinado de David (Capítulos 11-29)


¡Aquí es donde el libro realmente brilla! Si en Samuel y Reyes vimos a David con sus luces y sus sombras (sus victorias, sus pecados como el de Betsabé, la rebelión de Absalón...), aquí el Cronista (así llamamos al autor de Crónicas) se enfoca en la mejor versión de David.


¿Qué se omite? El Cronista elige no mencionar los grandes pecados y fallos de David (como el adulterio con Betsabé y el asesinato de Urías, o los problemas en su familia).


¿Por qué lo omite? No es que quiera ocultar la verdad, sino que su propósito es inspirar esperanza a un pueblo caído. Quiere que vean a David como un modelo de rey que amaba a Dios, que se preocupaba por la adoración y que sentó las bases para el futuro glorioso de Israel. Para los exiliados, era vital recordar un líder piadoso.


¿Qué se enfatiza? Su elección divina, cómo Dios lo escoge y lo capacita. También la unificación de Israel, David conquista Jerusalén y la convierte en la capital política y religiosa ("Ciudad de David"). Se hace hincapié también en el Arca de la Alianza, David la lleva a Jerusalén, demostrando su deseo de que Dios sea el centro. Y se explica muy bien su deseo de construir el Templo. Aunque Dios le dice que será su hijo Salomón quien lo haga, David se dedica con pasión a reunir materiales, oro, plata, madera... ¡y a organizar a los sacerdotes y levitas para el futuro servicio del Templo! Es como un gran arquitecto preparando los planos y los cimientos para una obra monumental que otro terminará.


También se explica muy bien la organización del culto. Dedica muchísimo espacio a explicar cómo David organiza a los sacerdotes, los levitas, los músicos para la alabanza en el Templo. ¡La música y la adoración eran cruciales para él! 


Y, cómo no, se habla también del pacto davídico. Se recalca esa promesa increíble que Dios le hace a David: la de un trono y un reino eterno. ¿Os suena? ¡Esa promesa que apunta directamente a Jesús, el Mesías, linaje de David, cuyo reino no tendrá fin!


Vamos, que Crónicas nos presenta a David como el rey ideal, el precursor del Templo, un gran adorador, y el portador de la promesa mesiánica. Todo para recordar a los exiliados que Dios cumple sus promesas y que la adoración es el camino a la bendición.


Aplicaciones para nosotros


Entonces, ¿por qué es importante este libro para nosotros, personas de fe, en el siglo XXI?


Yo creo que, al leer este libro de la Biblia, se ve muy claramente que nuestra identidad está en Cristo. Así como los exiliados necesitaban recordar su linaje, nosotros necesitamos recordar que somos hijos de Dios, herederos de Sus promesas gracias a Jesús. ¡Nuestra identidad no depende de nuestras obras, sino de Su amor y Su plan!


También me llevo como lección que la adoración es central. David nos enseña la importancia de poner a Dios en el centro de nuestra vida, de anhelar Su presencia (simbolizada por el Arca y el Templo) y de ofrecerle lo mejor de nosotros en adoración y servicio. ¿Cómo podríamos organizar mejor nuestra vida para darle a Él el primer lugar? Yo me hago esta pregunta.


Además, al leer este libro, vuelvo a ver una lección que me encanta, que Dios es fiel a Sus promesas. A pesar de las caídas, los errores y los exilios de Su pueblo, Dios nunca abandona Sus pactos. El pacto davídico nos señala a Jesús, y nos recuerda que Dios cumplirá cada una de Sus palabras en nuestra vida. ¡Podemos confiar en Él!


Y... aprendo también que podemos ser instrumentos para Sus planes. David se preparó con todo su corazón para el Templo, aunque no fue él quien lo construyó. Nosotros también podemos preparar el camino para la obra de Dios en nuestras vidas, en nuestra familias y en nuestra iglesia. Lo importante es la disposición del corazón.


Así que ahí lo tenéis. 1 Crónicas es un libro importante... una poderosa relectura de la historia para inspirar esperanza, recordar la identidad y centrar el pueblo en la adoración a Dios. Es un mensaje de ánimo... "¡No importa lo que hayáis pasado, Dios sigue estando con vosotros y tiene un futuro glorioso para Su pueblo!"


Espero que esta pequeña inmersión en 1 Crónicas os haya picado la curiosidad y os anime a explorar este libro con ojos nuevos. Os aseguro que encontraréis tesoros muy guays.


¡Nos vemos en 2 Crónicas para continuar nuestro viaje! Un abrazo grande, y que Dios os bendiga mucho.


Es una imagen con un fondo colorido y esta cita del libro 1 Crónicas de la Biblia: "Tuya es, oh Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor y la majestad; porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra es tuyo."


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¿Dónde está Dios cuando dos trenes chocan?

Ves las imágenes del accidente de Adamuz, lees las cifras (decenas de muertos, tantos heridos, familias rotas de un segundo a otro) y algo dentro se queda en silencio. Es un silencio pesado, lleno de preguntas que quizá no te atreves ni a formular en voz alta.


Yo también me las hago. Y hoy quiero hablarte desde ahí, desde ese lugar frágil donde la fe se mezcla con las lágrimas.


¿Dónde está Dios cuando dos trenes chocan?


Te confieso algo... la primera reacción que muchas veces me sale no es muy piadosa. Es más bien un "Señor, ¿por qué?". Y creo que Dios no se escandaliza de esa pregunta. Es la misma que recorre la Biblia... está en Job... está en los Salmos... está en el grito de Jesús en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".


Pero hay algo importante. Que yo no entienda el "por qué" no significa que Dios no esté. El cristianismo no es la religión de las explicaciones perfectas, sino la fe en un Dios que entra en la historia, que se hace hombre y que sufre. No adoramos a un Dios lejano que mira desde arriba cómo chocan dos trenes, adoramos a un Dios que ha conocido el dolor, la injusticia y la muerte trágica.


Cuando contemplo lo de Adamuz, no veo un plan de Dios que yo tenga que descifrar como si fuera un puzzle macabro. Veo, más bien, un mundo herido, frágil, donde existen el error humano, los fallos técnicos y las decisiones equivocadas. La limitación. Y en medio de todo eso, un Dios que no abandona, que se hace presente en lo pequeño. Como en el sanitario que no se rinde, en el bombero que arriesga su vida, en la persona que reza en silencio por alguien a quien ni siquiera conoce.


¿Por qué permite Dios las desgracias?


Esta es la pregunta que nos quema. Y no te voy a engañar, no hay una respuesta que lo deje todo perfectamente atado. Pero sí hay algunas luces que, al menos a mí, me ayudan a no perderme.


Dios no quiere el mal, pero respeta nuestra libertad y la fragilidad del mundo. 


Dios ha creado un mundo real (no un teatro de marionetas). Hay leyes físicas, hay libertad humana y hay procesos que pueden fallar. Si Dios interviniera constantemente para evitar cualquier accidente, dejaríamos de ser libres y el mundo dejaría de ser mundo. Sería un... decorado. La vida perdería su valor.


Dios no es el autor del sufrimiento, pero sí es el primero en cargarlo.


Como sabemos, la cruz no es un adorno piadoso. En realidad, es la declaración más radical de que Dios se mete hasta el fondo en nuestro dolor. No nos lo explica desde fuera, lo vive desde dentro. Cuando alguien muere en un accidente, Cristo está ahí, misteriosamente, acompañando ese paso, sosteniendo y abrazando.


Dios puede sacar bien incluso del mal, sin que el mal deje de ser mal.


Esto es delicado. No se trata de decir frases tipo "por algo será" ni "Dios sabe lo que hace" como si la tragedia fuera, en sí misma, algo bueno. No. El mal es mal. Pero Dios, que es más grande que el mal, puede hacer brotar frutos que no imaginábamos. Por ejemplo, conversiones, reconciliaciones, solidaridad, cambios de vida y decisiones de amor que no se habrían dado de otra manera.


Mantener una mirada católica en medio del horror


Tú y yo no somos espectadores neutrales. Somos creyentes (con dudas, con defectos, con contradicciones, pero creyentes) y eso cambia la forma de mirar lo que pasa.


A veces, por querer ser fuertes en la fe, nos ponemos una especie de coraza espiritual que no nos deja llorar. Y eso no es cristiano. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro. Lloró de verdad. No dijo: "Bueno, no pasa nada, todo es voluntad de Dios". Lloró porque la muerte duele. Porque la separación duele.


Tú también puedes llorar. Puedes decirle a Dios que estás enfadado, que no entiendes nada y que te duele muchísimo. La fe consiste en llevar lo que sentimos a los pies del Señor.


Además, una mirada católica no se queda en "las víctimas" como un bloque anónimo. Son personas concretas. Padres, madres, hijos, abuelos y amigos. Reza por ellos como si fueran de tu familia. Aunque no conozcas sus nombres, Dios sí los conoce.


Rezar no es lo mínimo que podemos hacer, muchas veces es lo más grande. Desde nuestra pequeñez, nos unimos a la intercesión de la Iglesia entera.


Otra cosa que también creo es importante es que podemos dejar que la tragedia nos convierta. Me lo digo también a mí misma: no basta con conmovernos unos días y luego seguir igual. Una mirada católica se deja interpelar. La muerte repentina nos recuerda algo que preferimos olvidar: que nuestra vida es frágil, que no controlamos tanto como creemos. Que podemos subir a un tren y no llegar nunca a destino.


Eso no es para vivir con miedo, sino para vivir despiertos. Para preguntarnos cómo estamos usando nuestro tiempo. ¿Hay perdones que estoy retrasando como si tuviera garantizados años por delante? ¿Estoy en gracia de Dios o voy dejando la confesión para cuando tenga un hueco? ¿Vivo como si Dios fuera real o como un accesorio que saco solo en emergencias?


La tragedia no tiene sentido en sí misma, pero puede convertirse en un punto de inflexión para muchos. Quizá también para ti y para mí.


Cómo es Dios en medio de todo esto


Cuando pasan cosas así, a veces nos imaginamos a Dios como un juez frío que reparte destinos desde un despacho celestial. Pero el Dios que nos ha revelado Jesús es otra cosa.


Dios es Padre... Y un padre sufre con el sufrimiento de sus hijos. No es indiferente. ¡No mira para otro lado! Aunque no entendamos cómo actúa, podemos estar seguros de que su corazón está roto con cada familia rota.


Cuando pienso en las personas que han perdido la vida en Adamuz, me ayuda imaginar que el Señor salió a su encuentro en ese instante, que les tomó de la mano en medio del caos, del ruido, del miedo, y les dijo: "No tengas miedo".


¿Qué hacemos ahora?


No podemos cambiar lo que ha pasado. No podemos devolver la vida a quienes han muerto. Pero sí podemos decidir cómo vamos a vivir a partir de ahora. Y la respuesta a esto es fácil... como hijos de un Dios amoroso y misericordioso que quiere para nosotros y para nuestros prójimos una vida llena de sentido.


Si te apetece, podemos hacer ahora una oración sencilla. Yo la escribo, tú la haces tuya si quieres.


Jesús, te presentamos a todas las personas que han muerto en el accidente de Adamuz. Tú conoces sus nombres y sus corazones. Recíbelos en tu misericordia y abrázalos con tu amor. Te pedimos por los heridos, por quienes luchan por salir adelante, por las familias que hoy no encuentran consuelo, por los equipos de rescate, por el personal sanitario y por quienes investigan lo sucedido. Danos a nosotros un corazón semejante al tuyo. Capaz de llorar con los que lloran, de trabajar por la justicia y de vivir cada día con la mirada puesta en la eternidad. María, Madre de los Dolores, acompaña a todos los que sufren esta tragedia y enséñanos a permanecer junto a la cruz con esperanza. Amén.


Estés dónde estés, leyendo esto, te mando un fuerte abrazo. Y ya sabes que, para cualquier cosa, puedes ponerte en contacto, me encantaría ayudarte en lo que pueda.

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Presento mi primer juego en el blog: un pequeño Wordle católico

Hoy me animo a compartir algo un poco diferente.

Llevo tiempo dándole vueltas a la idea de incluir algún juego sencillo en el blog, algo que nos permita aprender, sonreír y, por qué no, también descansar un poco la mente mientras seguimos profundizando en nuestra fe. Así que, como primera prueba, he preparado un Wordle católico muy simple, hecho con mucho cariño.
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¿Qué es Hakuna?

Últimamente no paro de escuchar hablar de Hakuna. Sale en prensa, en redes, en conversaciones por todas partes… y, claro, una acaba preguntándose qué está pasando para que un movimiento cristiano esté generando tanto ruido. 


Pues hoy quería hablar de eso, desde mi fe y también desde mi curiosidad. Porque, más allá de titulares y debates, Hakuna dice mucho sobre lo que somos y lo que buscamos, en mi opinión.


La música


Lo primero que llama la atención es su música. Y te lo digo con sinceridad, entiendo por qué engancha. Suena a lo que escuchamos hoy, no a lo que muchos imaginan cuando piensan en música religiosa. Es pop, es indie y es luminoso. Sin darte cuenta, te encuentras cantando letras que hablan de Dios con una naturalidad sorprendente. Y me parece bonito que una canción pueda abrir un espacio interior que quizá estaba... dormido.


Pero también siento la necesidad de decir algo que me nace del corazón: la música puede ser una puerta, pero no puede ser la casa.


La fe no puede quedarse en una emoción bonita, ni en un subidón de un concierto, ni en una estética que nos envuelve... Todo eso ayuda, claro que sí. Pero si nos quedamos solo ahí, corremos el riesgo de vivir una fe superficial, pasajera, casi de moda. Y Dios no quiere una relación eventual: quiere una historia profunda, estable, de esas que te sostienen cuando la música se apaga.


La estética 


Otra cosa que me llama la atención es su estética. Todo está cuidado. La luz cálida, los colores suaves, los ambientes que transmiten tranquilidad... No tienen una estética fría o distante.


A veces olvidamos que la belleza también evangeliza. Que un espacio bonito, bien preparado, puede predisponer el corazón. Y Hakuna lo ha entendido muy bien.


Pero también aquí siento que es importante recordar que la fe no es solo lo que se ve, sino lo que se vive cuando nadie te mira.


Marketing… 


Sé que la palabra marketing puede sonar rara en un contexto cristiano, pero en realidad no tiene nada de malo cuando se usa para comunicar bien. Y Hakuna comunica de maravilla.


Transmiten alegría, comunidad, amistad, momentos de oración que se viven con intensidad. Y lo hacen con un lenguaje propio de nuestra época. En este mundo donde todo compite por nuestra atención, saber contar lo que vives es un punto a tu favor.


Pero me gustaría recalcar que es importante es no confundir la forma con el fondo. La fe no es un producto bonito. Es una relación viva con Dios.


Una necesidad 


Si algo veo claro es que Hakuna conecta porque ofrece algo que muchas personas están buscando: pertenencia. Un lugar donde sentirse acompañados, escuchados y sostenidos. Ese espacio donde la fe no se vive en solitario, sino en familia.


Y lo hacen en tiempos de tanta soledad.


Y eso es un regalo enorme. Solo que, como en toda familia, lo esencial no es la emoción del momento... sino el compromiso que permanece.


¿Fenómeno religioso o fenómeno sociológico?


He leído a quienes dicen que Hakuna es más un fenómeno sociológico que religioso. Y, sinceramente, entiendo por qué lo dicen.


Porque Hakuna no se queda en hablar de fe. Habla de identidad, de estética, de comunidad y de emociones compartidas... Habla de una generación que busca sentido y encuentra en este movimiento un lugar donde respirar.


Pero también creo que reducirlo solo a sociología sería injusto. Detrás de todo ese envoltorio hay una experiencia espiritual real para mucha gente. Una búsqueda sincera de Dios. 


Una alegría que nace de la fe.


Lo que me quedo yo


Después de escuchar, leer y observar, me quedo con esto: Hakuna es un signo de que Dios sigue moviéndose en medio de los jóvenes.


¿Tiene cosas mejorables? Claro. ¿Genera preguntas? También. Pero me parece hermoso que haya miles de chicos y chicas que descubren y comparten la fe a través de la música, la belleza y la comunidad.


Y, al final, si algo nos enseña el Evangelio es que Dios siempre encuentra caminos nuevos para llegar a nosotros.


Aunque, y me repito un poco, también siento que es importante recordar que la fe no es un concierto, ni mucho menos una estética, ni una emoción que, aunque intensa, es pasajera. La fe es una relación profunda con Dios, real, que se recorre día a día, con música o sin ella.


Y si Hakuna sirve para que alguien dé ese paso hacia una relación verdaderamente profunda con Dios, entonces bienvenido sea. Ojalá no nos quedemos en la superficie.


Porque lo que de verdad transforma la vida no es una canción bonita, sino un Dios que te llama por tu nombre.

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La contracultura del Reino de Dios

¿Alguna vez has sentido que el mundo te pide ser fuerte, pero tu alma está cansada? ¿Que para "triunfar" necesitas ser más ruidoso, más visible y más exitoso según los estándares que nos vende la sociedad? 


Pues yo creo que, en medio de todo ese ruido, olvidamos una verdad importante: que la verdadera fuerza no siempre se ve, y que la victoria más grande no siempre es la que gritan los titulares.


Hoy quiero reflexionar sobre algo que me ha ayudado mucho en mi propia vida, una verdad que he encontrado una y otra vez al abrir la Biblia: hay una predilección especial en el corazón de Dios por los humildes.


La contracultura del Reino de Dios


Vivimos en una cultura que celebra la autosuficiencia. Nos dicen: "Levántate por tu cuenta", "Muestra de qué estás hecho", o "No dejes que nada te detenga". Y, aunque la perseverancia es una virtud, hay un punto en el que el esfuerzo propio se convierte en una carga insoportable.


Es precisamente en ese punto donde descubrimos la hermosa paradoja del Evangelio.


Cuando leemos las Escrituras, vemos que Jesús no buscó a los poderosos ni a los que tenían todas las respuestas. Buscó a los pescadores, a los enfermos, a los que sabían que no tenían todo bajo control... Su mensaje era para los que reconocían su necesidad.


La escritura que inspira este post lo dice de la manera más hermosa: "Tú miras a los humildes con predilección, los fortaleces, los levantas y les otorgas la victoria que nace de confiar en Ti."


Esta es una promesa mucho más profunda que la de una vida sin problemas. En realidad, es la garantía de que, cuando reconozco que no puedo por mi misma cuenta, abro una puerta para que Dios opere de una manera que yo nunca podría.


Humildad


Ser humilde no es ser débil. No es hablar con la voz baja o tener una autoestima baja. La humildad, según la perspectiva bíblica, es simplemente realismo espiritual. Es entender quién soy yo y quién es Dios.


Es reconocer que mi fuerza, mi sabiduría y mi capacidad son finitas, pero que estoy conectada a una fuente infinita. Es despertar por la mañana y, en lugar de mirar mi (interminaaaaaable) lista de tareas y pensar "tengo que hacerlo todo", rezar y decir: "Señor, hoy necesito tu fuerza. Confío en Ti".


Cuando vivimos desde esta postura, algo cambia... Porque dejamos de llevar el peso del mundo. Así, el control no es nuestra responsabilidad. La victoria ya fue asegurada por la obra de Jesús y nuestra tarea es caminar en esa confianza. 


También nos volvemos receptivos, porque al dejar de esforzarnos por impresionar, nos abrimos a la guía, al consuelo y a la provisión que Dios nos da a diario.


Entonces, nuestra perspectiva cambia. Sí, los desafíos no desaparecen, pero dejamos de verlos como una prueba de nuestra capacidad y empezamos a verlos como una oportunidad para que la capacidad de Dios se manifieste en nuestras debilidades.


La victoria nace de confiar


La promesa final en esa bella oración es "les otorgas la victoria". Pero no es la victoria del que domina, sino la del que confía. Es la victoria de saber que, aunque el mar se agite, hay un piloto seguro al mando. Sí. Eso es. Es la victoria de encontrar paz en medio de la tormenta y tener esperanza cuando todo parece perdido, de ver la provisión en el momento justo.


Me reafirmo, la victoria no es siempre que las circunstancias se dobleguen a mi voluntad. Es, en realidad, que mi alma encuentre descanso sabiendo que Dios tiene el control.


Mi oración por ti


Si estás leyendo esto y te sientes abrumado, si sientes que el peso de tus propias expectativas te está aplastando, te invito a hacer una pausa... Deja de intentar ser tu propia fuente de fuerza. 


Reconócelo. Eso no es fracaso, ¡no!, es el primer paso hacia la verdadera fortaleza. Mira a tu alma cansada y dile la verdad: no tienes que ser fuerte por tu cuenta.


Confía en que Dios te mira con predilección. Él ve tu humildad, no como una debilidad, sino como un espacio vacío que quiere llenar con Su poder. Y... permítele que te levante. 


Permítele que te dé la victoria que solo nace de confiar en Él.

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Una mirada creyente a lo que vive Venezuela

Hay noticias que una las lee y siente un nudo en el estómago. Lo que está ocurriendo en Venezuela en estos días (la tensión política y la incertidumbre que envuelve a todo el país) no es algo lejano ni ajeno. Detrás de cada titular hay personas reales: familias, ancianos, jóvenes, niños... que solo quieren vivir en paz. Y cuando uno es creyente, no puede evitar preguntarse... ¿cómo miro todo esto desde la fe? ¿Qué me pide el Evangelio ante una realidad tan dolorosa?


No pretendo hacer análisis políticos ni señalar culpables. No es mi lugar, ni creo que sea lo que más necesita ahora mismo el pueblo venezolano (no necesitan que opine quien no está debidamente formado). Lo que sí puedo hacer es compartir una reflexión sencilla, nacida de la fe y del deseo sincero de ser discípula de Jesús en medio de un mundo herido.


La dignidad humana, siempre primero


La Iglesia nos recuerda una y otra vez que la vida humana es sagrada. Que ninguna ideología, ningún poder ni ningún interés justifica poner en riesgo a inocentes. Cuando vemos violencia, represión, ataques o decisiones que pueden desestabilizar aún más a un país ya frágil, el corazón cristiano solo puede decir: este no es el camino.


La violencia nunca trae la paz


Jesús fue muy claro: “Felices los que trabajan por la paz”. No dijo “los que ganan”, ni “los que imponen”, ni tampoco “los que vencen”. Dijo "los que trabajan por la paz". Y trabajar por la paz implica diálogo, escucha, renuncia al odio y búsqueda de caminos que protejan a los más vulnerables. En un momento tan tenso como el que vive Venezuela, esto se vuelve urgente.


Un pueblo que sufre merece nuestra cercanía


A veces, desde fuera, es fácil hablar de “Venezuela” como si fuera un concepto abstracto. Pero Venezuela son personas. Son madres que hoy no saben si podrán salir a comprar comida sin miedo. Son jóvenes que sueñan con un futuro que no esté marcado por la violencia. Son abuelos que rezan por estabilidad. Ese es el pueblo al que estamos llamados a acompañar con nuestra oración y nuestra solidaridad.


Discernir sin caer en bandos


Como católicos, no estamos obligados a alinearnos con ningún bloque político. Lo que sí estamos llamados a hacer es discernir, buscar la verdad con humildad, no dejarnos arrastrar por la propaganda ni por la polarización. Nuestro compromiso es con la justicia, con la paz y con la dignidad humana, no con colores ni siglas.


Una oración


Hoy quiero terminar esta reflexión rezando. Si te sirve, puedes unirte a mí:


Señor, mira al pueblo venezolano, que vive días de angustia y confusión. Derrama tu paz sobre quienes tienen miedo, tu luz sobre quienes toman decisiones, tu consuelo sobre quienes han perdido la esperanza. Que la violencia ceda, que la justicia florezca, y que tu Espíritu inspire caminos de reconciliación. Acompaña a cada familia, cada barrio... cada corazón herido. Te lo pedimos confiando en tu amor que nunca abandona. Amén.

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Tu identidad en Dios

 ¡Hola a todos y feliz año nuevo! 🥳


¿Qué tal? Espero que hayáis comenzado este 2026 con mucha energía y esperanza. La verdad es que yo he estado un poco... desaparecida. Sé que no había escrito una entrada nueva desde el año pasado, y quería explicar por qué.


Estuve totalmente metida en... "obras" por aquí, mejorando el blog. Os seré honesta... todavía no está perfecto y le falta mucho trabajo por delante, pero... ¡va saliendo adelante! Me emociona mucho verlo tomar nueva forma. Y mientras lo iba reorganizando, me di cuenta de algo importante: también me estoy reconstruyendo yo misma, en preparación para todo lo que Dios tiene para este nuevo año.


Y es que, hablando de reconstruirse, no puedo empezar este año sin compartir con vosotros una reflexión que no me da paz desde hace días. Es algo directo, quizás duro para algunos oídos, pero necesario.


Hay una verdad que el Evangelio no deja lugar a equívocos: quien no se entrega, quien no obedece a Dios, termina perdiendo la vida que quería conservar.


A veces pensamos que entregarnos a Dios es perder nuestra libertad, nuestros sueños o nuestra identidad. Nos aferramos a controlar cada aspecto de nuestra vida, como si nuestra supervivencia dependiera únicamente de nosotros. Pero la paradoja del Reino de Dios es todo lo contrario.


Cuando nos aferramos con uñas y dientes a lo que nosotros creemos que es lo mejor, terminamos agotados, ansiosos y, al final, perdiendo lo que realmente importa. Es como querer conservar el agua en los puños cerrados... mientras más apretamos, más se nos escapa.


Jesús no vino a quitarnos una vida genial para darnos una vida aburrida y monótona. Vino a darnos la vida en abundancia (Juan 10:10). Pero esa vida abundante solo se encuentra en el lugar de la entrega total. Dejar ir nuestro "yo" que quiere ser el protagonista para encontrar nuestra verdadera identidad en Él.


Pues eso, que si te sientes un poco perdido o aferrado a un control que no te deja avanzar, te invito a que hagas la prueba. Suelta ese puño cerrado. Entrega esa área de tu vida a Dios que tanto te cuesta soltar. Da miedo, pero no es una derrota, es la mayor victoria que puedes tener.


Aquí dejo este pensamiento, aunque me haya quedado bastante resumido. Y ahora que ya sabéis por dónde anduve, ¡me encantaría saber de vosotros! ¿Cómo van vuestros planes para este año?


Un abrazo grande y que tengáis una bendita semana.

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¿Qué es la Sagrada Familia?

Seguro que cuando leíste el título, tu mente voló directamente a Barcelona, ¿verdad? A esa maravilla de Gaudí que se alza majestuosa y que es una joya de la arquitectura mundial. Pero, aunque la Catedral del Sagrada Familia es increíble, no es de la que quiero hablar hoy.


Quiero hablarte de algo mucho más pequeño, más íntimo, y a la vez, más grande que cualquier edificio, la familia de Nazaret. De esas tres personas que vivieron juntas en una casita sencilla: Jesús, María y José.


A veces, en el día a día, podemos pensar en ellos como perfectos y alejados de nuestra realidad. Pero me gustaría que hoy los vieras con otros ojos, porque la Sagrada Familia es el modelo que nos regaló Dios para entender cómo debe ser el amor en casa. ¿Te animas a descubrirlo conmigo?


Un modelo de vida normal


La belleza de la Sagrada Familia es que su vida no era de cuento de hadas. Seguramente, José se levantaba por la mañana para ir a trabajar como carpintero, y María cuidaba la casa, cocinaba, barría y se ocupaba de que el Niño no se pusiera en peligros. ¿Suena familiar? ¡Claro que sí!


El increíble misterio es que Dios eligió la vida más normal y cotidiana para manifestarse. Jesús no nació en un palacio, sino en un humilde pesebre y creció en un hogar donde se aprendía un oficio, se rezaba juntos y se compartían las comidas. Por eso, la Sagrada Familia nos recuerda que la santidad no es algo lejano solo para monjes... la santidad se cocina a diario, en nuestra propia cocina, con los platos de cada día.


Los ingredientes de su amor


Si analizamos un poquito, vemos que el secreto de su unión eran tres ingredientes sencillos.


El primero, el "sí" de María. Su entrega total a la voluntad de Dios, incluso cuando no la entendía. Nos enseña a confiar, a decir "sí" a la vida y a los planes de Dios, aunque nos den un poco de miedo.


También es ingrediente importante la obediencia de José. Él fue el padre que escuchó a Dios en sueños y protegió a su familia sin dudar. Su obediencia no era de debilidad, sino de amor y responsabilidad. Es el ejemplo del hombre que cuida, que se hace cargo y que pone a su familia en el centro.


Y, por último, la pequeñez de Jesús. El Hijo de Dios, siendo el Creador, se hizo pequeño y dependió por completo de sus padres. Nos enseña humildad y a reconocer que, a veces, necesitamos ser dependientes y dejar que los demás nos ayuden.


¿Por qué nos importa tanto?


La razón por la que la Sagrada Familia es tan importante para nosotros es porque es el reflejo más puro de la Trinidad. Es la comunidad de amor de la que todos venimos y a la que todos aspiramos.


Ver a José cuidando a María y al Niño Jesús nos enseña cómo debe ser el amor en nuestras familias, un amor que se demuestra con hechos, con cuidado, con trabajo y con presencia. Nos recuerda que la familia es un taller donde se aprende a perdonar, a servir y a querer de verdad, con las luces y las sombras del día a día.


Y lo más bonito es que no nos piden que seamos perfectos como ellos. Nos invitan a mirar nuestra propia familia, con sus alegrías y sus complicaciones, y a pedirles ayuda. Podemos pedir a María que nos enseñe a ser más acogedores, a José que nos dé fortaleza para proteger y guiar, y a Jesús que nos enseñe a ser humildes y a servir a los demás desde el amor.


Así que la próxima vez que oigas "Sagrada Familia", no pienses solo en una catedral lejana. Piensa en el hogar de Nazaret, en esa familia humilde que nos enseñó que el amor más grande del universo se esconde en los gestos pequeños de cada día.


¡Que la Virgen, San José y el Niño Jesús te bendigan y protejan siempre en tu hogar!

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Hoy os ha nacido un Salvador

Anoche fue Nochebuena, y la vivimos sin prisas, en familia, como a mí me gusta. Conversación alrededor de la mesa, risas sencillas y ese buen silencio que solo aparece cuando estás donde tienes que estar.


Por la mañana di un paseo especial, acompañada. Salimos temprano, cuando el día aún estaba despertando, y nos encontramos con algo que no vemos habitualmente: una garza, elegante y serena, junto al agua. Me quedé mirándola un buen rato. No hizo falta sacar el móvil ni decir nada... fue uno de esos momentos que se guardan solos. Pensé que, incluso en días tan señalados, Dios sigue hablándonos en lo pequeño, en la creación, si sabemos mirar.


Hoy, día de Navidad, ha sido igual de sencillo. Familia, comida compartida, sobremesa larga y agradecida. Nada extraordinario por fuera, pero muy lleno por dentro. Y desde aquí quiero desearte, de corazón, una muy feliz Navidad.  


Para mí (y creo que para cualquier cristiano) la Navidad es importante por lo que significa de verdad, no por lo que brilla. Celebramos que Dios se hace pequeño, cercano, vulnerable. Celebramos que no se queda lejos, sino que entra en nuestra historia. Como dice el Evangelio: “Hoy os ha nacido un Salvador” (Lc 2,11). No ayer, no en abstracto: hoy, para ti y para mí.


La Navidad ejemplifica que el amor no siempre hace ruido, que la esperanza puede caber en un pesebre y que la luz llega incluso a las noches más oscuras. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). 


¿Y cómo celebrarla como buen católico? No solo con tradiciones externas (que también son bonitas), sino con el corazón dispuesto. Rezando un poco más despacio, agradeciendo lo que tenemos, reconciliándonos si hace falta, acercándonos a los sacramentos, y tratando de amar mejor


Ojalá estos días no se nos queden en la superficie. Ojalá podamos decir, como María, “mi alma glorifica al Señor” (Lc 1,46), incluso en lo cotidiano.


Gracias por estar ahí, por leerme, por compartir este camino de fe. Que el Niño que nace hoy te regale paz, esperanza y una alegría serena que dure todo el año.


Feliz Navidad 🤍

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¿Qué actores de Hollywood son católicos?

Tengo que confesarte que me lo paso pipa investigando y descubriendo que algunas de las figuras que conocemos por sus trabajos tan queridos en el cine ¡son también católicos como tú y como yo!


Me parece divertido ver cómo, detrás de los focos y las alfombras rojas, hay personas que viven su fe (a veces de forma discreta, otras con mucha naturalidad) y que no tienen problema en contarlo en entrevistas o en sus redes.


Así que hoy te traigo una lista de actores de Hollywood que han hablado abiertamente de su fe católica o de su relación con la Iglesia. Y, por supuesto, solo actores: nada de cantantes ni profesionales de otras áreas, que eso lo dejamos para otra entrada.


Mel Gibson


Mel Gibson es probablemente uno de los nombres más conocidos cuando hablamos de católicos en Hollywood. Su fe ha sido parte central de su vida y de su obra, especialmente desde que dirigió La Pasión de Cristo, una película profundamente marcada por sus convicciones religiosas. Aunque a veces ha estado rodeado de polémicas, su identidad católica ha sido siempre pública y evidente.


Mark Wahlberg


Mark Wahlberg ha hablado en numerosas ocasiones de cómo la fe católica ha sido un pilar en su vida, especialmente en su proceso de maduración personal. En entrevistas ha contado que empieza cada día asistiendo a misa y que su fe le ayuda a mantener los pies en la tierra. Además, suele compartir mensajes relacionados con la oración y la vida espiritual en sus redes sociales.


Antonio Banderas


Aunque Antonio Banderas es español, su carrera es bastante hollywoodense, y también aparece en listas de actores con fuertes creencias cristianas. Ha hablado en varias entrevistas sobre su espiritualidad, especialmente después del infarto que sufrió en 2017, un momento que él mismo describió como transformador y que lo acercó más a la fe.


Gary Sinise


Gary Sinise, conocido por Forrest Gump, Apolo 13 y La milla verde, se convirtió al catolicismo en 2010. Desde entonces, su fe ha sido parte importante de su vida pública. Además, está muy implicado en obras de caridad, especialmente en proyectos educativos y de apoyo a veteranos. Su conversión fue algo que él mismo compartió abiertamente, explicando cómo la fe le dio un nuevo sentido a su vida.


Jim Caviezel


Jim Caviezel es inseparable de esta lista. Su interpretación de Jesús en La Pasión de Cristo lo puso en el centro de la conversación sobre actores católicos, y él mismo ha hablado muchas veces de su fe, de su devoción mariana y de cómo su vida espiritual influye en su carrera.


Al Pacino


Puede sorprender, pero Al Pacino también es un actor de Hollywood católico. Aunque no suele hablar mucho de religión, sí ha reconocido en entrevistas su educación católica y su relación con la espiritualidad. Aunque discreto, no ha ocultado esa parte de su vida.


Jennifer Garner


Jennifer Garner, aunque más conocida por su participación en películas de corte cristiano en los últimos años, también ha tenido una relación cercana con la fe católica. En Los milagros del cielo, una película basada en hechos reales, interpretó a una madre profundamente creyente, y durante la promoción habló de cómo la historia la había tocado personalmente. Aunque su práctica religiosa ha tenido altibajos, ella misma ha contado que volvió a la Iglesia gracias a la experiencia de rodar esa película.


Mira Sorvino


Mira Sorvino también ha expresado públicamente su fe. Aunque no siempre ha estado en el centro de Hollywood, su carrera incluye papeles importantes y una vida espiritual que ella misma ha compartido en entrevistas.


Dennis Quaid


Dennis Quaid es otro actor que, en los últimos años, ha participado en varias producciones cristianas y ha hablado abiertamente de su fe. Su testimonio incluye momentos de conversión personal y un regreso consciente a la vida religiosa.


Chris Pratt


Chris Pratt es uno de los actores de Hollywood que más abiertamente habla de su fe cristiana, y en varias entrevistas ha mencionado su cercanía con la Iglesia católica durante su infancia y juventud. Suele compartir mensajes de oración y agradecimiento en eventos públicos y redes sociales, lo que lo ha convertido en una figura muy visible en este ámbito.


Shia LaBeouf


Shia LaBeouf es un caso precioso y reciente. Durante el rodaje de Padre Pío, vivió un proceso espiritual muy profundo que él mismo ha contado en entrevistas. Se acercó al catolicismo a través de la espiritualidad franciscana y que ha hablado de cómo la fe le ayudó en momentos de crisis personal.


David Henrie


David Henrie, conocido por su papel en Los magos de Waverly Place y por varias películas y series en Hollywood, es uno de esos actores jóvenes que hablan de su fe católica con una naturalidad que inspira. Él mismo ha contado en entrevistas que la fe ha sido un pilar en su vida desde pequeño y que, incluso en los momentos más complicados de su carrera, ha intentado mantenerse fiel a sus valores.


Además, suele compartir en redes sociales reflexiones sobre la oración, la familia y la importancia de vivir la fe en el día a día. También ha participado en proyectos de cine con valores cristianos y ha hablado de cómo la paternidad lo ha acercado aún más a Dios. Me encanta porque es de esos testimonios que muestran que la fe no está reñida con la juventud ni con el mundo del espectáculo.


Y... ha visitado mi ciudad, ¡Santiago de Compostela!


El actor David Henrie visitando Santiago de Compostela, vestido como los peregrinos



Para cerrar…


Me encanta descubrir que, detrás de personajes que nos han hecho reír y llorar en la gran pantalla, hay personas que también buscan a Dios, que encuentran consuelo en la oración o que simplemente viven su fe con naturalidad.


Sí, la gracia actúa en todas partes, incluso en un lugar tan peculiar como Hollywood.

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